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15 NOVIEMBRE 2019
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La Iglesia de rostro amazónico y los nuevos ministerios

Andrea Tornielli | 0 comentarios valoración: 1  29 votos
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De las intervenciones en el aula estos primeros días del Sínodo, junto al grito de las poblaciones indígenas que piden respeto invocando atención y cuidado por lo creado, emerge otro grito. El de las comunidades cristianas diseminadas por territorios vastísimos. El de los pastores que, con solo una decena de sacerdotes deben atender a quinientas comunidades dispersas en cien mil kilómetros cuadrados, con dificultades considerables para trasladarse de un lugar a otro.

Se ha puesto en evidencia y se ha criticado una manera de afrontar este tema sin el corazón del pastor. Un enfoque que no parte de ese grito y no lo hace suyo, que no parte de la exigencia de esos cristianos a los que no se les permite celebrar la eucaristía más de una o dos veces al año, cristianos que no pueden confesarse ni contar con el conforto de un sacerdote cuando van a morir.

Cualquier reflexión, cualquier intento de respuesta, cualquier confrontación desde posiciones distintas a esta debería identificarse con este sufrimiento. Una situación que tiene características propias, que no se pueden superponer a otras. El Sínodo sobre la evangelización en la Amazonía está llamado, por tanto, a proponer respuestas posibles. Una de ellas, como es sabido, es la posibilidad de abrir –como excepción y de manera experimental– la ordenación sacerdotal a hombres ancianos de probada fe (no de abolir ni hacer opcional el celibato permitiendo que los sacerdotes se casen). Pero no se trata de la única vía posible, a pesar de que sobre ella se concentre todo el debate mediático.

De hecho, existen otras vías y otras respuestas al grito de esas comunidades que miran, por ejemplo, hacia una mayor valorización del diaconado permanente conferido a hombres casados, tratando de incrementar y formar adecuadamente vocaciones indígenas. La formación adecuada para los ministros ordenados, religiosos y laicos es, de hecho, una exigencia que ha salido en muchas de las intervenciones en el aula sinodal. Por ejemplo, se ha planteado la posibilidad de nuevos ministerios para laicos, especialmente para las mujeres, reconociendo la extraordinaria dedicación de muchas religiosas que dedican toda su vida al servicio de las comunidades amazónicas.

La eucaristía es que lo que hace la Iglesia, la celebración eucarística es el corazón, la fuente y el fundamento de la vida comunitaria. Pero, con la creatividad del Espíritu, allí donde el sacerdote no pueda estar presente, podría pensarse –y así se ha llegado a decir– en nuevos ministerios que se correspondan con las necesidades de los pueblos amazónicos para predicar la Palabra, guiar a las comunidades, acompañar en los sacramentos del bautismo, el matrimonio y la unción de enfermos, o presidir las liturgias de exequias. Nuevos caminos que deberían implicar sobre todo a los indígenas como agentes pastorales, como diáconos permanentes y como nuevos ministros no ordenados capaces de reconocer los dones que el Señor hace a los miembros de las comunidades nativas. El Sínodo está en camino.

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