Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
8 DICIEMBRE 2019
Búsqueda en los contenidos de la web

La conversión de la Iglesia universal

Antonio Spadaro | 0 comentarios valoración: 2  19 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 2  19 votos

El Sínodo panamazónico ha sido como el gran fresco del Juicio universal en la Capilla Sixtina, donde todo se pone ante los ojos de Cristo nuestro Señor: la vida de la Iglesia, la política, la economía, la custodia de la casa común. Un gran fresco donde “todo está conectado”, como dijeron varias veces los padres sinodales, citando la Laudato Si’, todo un punto de referencia en este gran evento, donde la encíclica ha tomado un cuerpo concreto. Ahora empieza un proceso que deberá profundizar en los temas tratados. Ya se pueden discernir ciertos rasgos fundamentales de esta experiencia que quedarán en la vida eclesial. Para empezar enumeraré cinco de ellos.

La Iglesia ha asumido plena conciencia de que su doctrina social se preocupa por la defensa del planeta y que esta colisiona con ciertos intereses políticos y económicos, que en muchos casos urden ataques contra la propia Iglesia y sus pastores. La relación entre el cristianismo y la vida del mundo se ha visto impregnada de un sano realismo, más allá de cualquier ideología, asumiendo finalmente los rasgos de un compromiso decisivo de valor global, fruto siempre del impulso evangélico que requiere una “conversión ecológica”.

Roma se convirtió esos días en un lugar de escucha profunda de experiencias del catolicismo consideradas “periféricas” y de frontera. El enfoque “misionero” se integró totalmente con una valoración de la experiencia cristiana en la Amazonia, significativa y profética para la Iglesia universal. Después de la acción misionera, es necesario que la Iglesia local descubra los rasgos específicos de su propio rostro, para el bien del cuerpo entero de la Iglesia universal.

En este sentido, otro elemento claro ha sido el deseo de la Iglesia de una “conversión cultural”, capaz de dar una respuesta verdaderamente católica a la exigencia de una inmersión plena del anuncio del Evangelio y la liturgia en una cultura concreta, valorando su cosmovisión, sus tradiciones, sus símbolos y sus ritos originarios. Pero de manera que el Evangelio purifique las culturas en que se inserta, madurando por tanto el debate eclesial sobre los ritos locales y la inculturación.

El papel de los laicos –especialmente de la mujer– estuvo en el centro del debate. Obispos y sacerdotes hacen lo que pueden, atraviesan distancias enormes, pero las comunidades viven gracias al compromiso de laicos y laicas. Ante los padres se desplegó toda una Iglesia ministerial que se interrogaba para profundizar en qué significa que la Iglesia está fundada en el Bautismo. Por otro lado, la cuestión de los hombres de fe probada no ha puesto en absoluto en discusión el celibato, sino la escucha del drama percibido por la ausencia de los sacramentos en la vida ordinaria de muchos fieles.

Por último, resulta clara la opción y la “conversión” sinodal de la Iglesia. Durante las muchas horas del Sínodo se escucha mucho y se discute mucho, tanto en el aula como en grupos, y con franqueza, dentro de un discernimiento comunitario comprometido, para el que se invoca la presencia del Espíritu. Así han sido las palabras compartidas por los padres sinodales: abiertas, francas, libres, fieles a la Iglesia, movidas por una urgencia pastoral extraordinaria y compartida. En todos los temas tratados, con el deseo de permanecer en la verdad del Evangelio y construir el mundo a partir de esa buena noticia.

>Comentar

Sólo los usuarios registrados pueden insertar comentarios. Identifíquese.

0Comentarios

<< volver

>SÍGUENOS EN

>Entrevistas

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja