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15 DICIEMBRE 2019
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El cuadro que deja el 10-N

Miguel García García-Revillo | 0 comentarios valoración: 3  18 votos
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Salvo las de Tezanos, las encuestas han acertado estos meses de atrás en averiguar las tendencias en el voto de los españoles. También han acertado en el resultado electoral, en líneas generales. Hace unos dos meses marcaban una tendencia distinta, según la cual, en unas nuevas elecciones, el PSOE engulliría a Podemos y el PP se comería a Vox y a parte de Ciudadanos, que ya había certificado su suicidio político con tanto bandazo. Ese era el panorama real entonces. No se equivocaban Sánchez y Casado cuando veían en unas nuevas elecciones un retorno al bipartidismo. Se equivocaron después, al poner en marcha sus maquinarias electorales para conseguir el poder, lo único que parece interesarles desde hace décadas. Su desconexión con la sociedad es muy grande y, por la lectura que han hecho de los resultados, parece que va a más.

Sánchez ha fracasado fundamentalmente por sacar a pasear el cadáver de Franco mientras dejaba a los violentos hacerse con las calles de Cataluña en la peor crisis institucional sufrida por España desde el golpe separatista del 1 de octubre. Desenterrar a Franco, humillando a su familia, no le ha dado ni un voto por la izquierda y le ha dado muchos votos a Vox sin descontárselos al PP, como pretendía. El votante de izquierdas está harto de que le quieran azuzar contra la derecha sacando a pasear los odios generados en una guerra del siglo pasado y una dictadura terminada hace más de 40 años. La izquierda social quiere política, valores, protección social a los enfermos, a los viejos, a los marginados, quiere trabajo, y la izquierda política sólo le habla de Franco. La izquierda social, como la derecha social, quiere también a España, sufriendo como cualquier español la humillación de ver que los violentos se hacen con Cataluña mientras su Gobierno no hace nada, que se insulta y se calumnia a nuestro país y a sus soldados y policías, entregándoles para que los linchen, mientras se afirma cínicamente que se puede dar un paseo con toda normalidad por el centro de Barcelona. Para esto, mejor quedarse en casa y que la casta política se las apañe por sí sola en su lucha por el poder y los privilegios que conlleva. Eso, en mi opinión, es lo que han pensado miles de votantes de izquierda y centro-izquierda en España.

El PP, por su parte, ha fracasado en su intento de recuperar el voto perdido a izquierda y derecha. Ha recogido algunos votos (no muchos) del derrumbe de C’s, pero está lejísimos de sus resultados electorales de hace apenas unos años. Mucho de este claro fracaso (a pesar de las apariencias) se debe a su disparatada lectura de los resultados electorales del pasado abril. Sus complejos ante la autoproclamada superioridad ideológica de los autodenominados “progresistas”, unida a su paulatina desideologización, ya desde los tiempos de Aznar, le llevó a asumir con docilidad las conclusiones de muchos medios y tertulianos de izquierdas, según los cuales el partido de Pablo Casado habría perdido las elecciones y a gran parte de su electorado porque había abandonado el centro y la moderación, cuando lo que había perdido era la derecha y la credibilidad. Esa lectura, completamente apartada de la realidad, le llevó a dar un nuevo bandazo y abandonar la firmeza en la defensa de la unidad española y de la Constitución para dar una imagen de buen progresista, al gusto de su adversario político y de los muchos medios que apoyan a éste. Hace dos meses, las encuestas indicaban que el voto liberal-conservador se concentraría en el PP en detrimento de Vox, que perdería una parte importante de su electorado a causa del voto útil. Dos meses después, su bandazo ideológico y su debilidad frente a la coherencia en el discurso de Vox han provocado que, como sucede con el PSOE, miles de votantes dejen de creerles y opten por una formación que transmite ilusión y fe en lo que hace. Aunque se diga poco, PSOE y PP son también los derrotados en estas elecciones. No se han dado el histórico batacazo de C's, pero han fracasado en la recuperación de un bipartidismo en el que se movían habitualmente entre 140 y 180 escaños.

El gran triunfador de estas elecciones ha sido Vox sencillamente porque cree en lo que dice y, aunque hace afirmaciones conflictivas, también dice otras cosas que conectan con millones de españoles, de izquierdas y de derechas. Y no es un partido de ultraderecha, aunque los medios de la “progresía” y gran parte de los medios extranjeros (bastante mal informados) se empeñen en ello. Todo eso lo dejó ver inteligentemente Abascal el día del debate electoral (que ganó) y eso le dio un importante empujón hacia arriba en la semana decisiva. Vox no es un partido de extrema derecha (salvo para la extrema izquierda). Es un partido conservador, muy conservador si se quiere (de la “derechona”, que diría Alfonso Guerra) pero no va más lejos. Que se hayan alojado en esa formación algunos votantes de extrema derecha (que tenía ya muy pocos votos en España) y muchos votantes de derechas sin más, sin extremos, no cambia su vocación de juego democrático dentro del sistema. En el Reino Unido gobiernan con frecuencia (y sin complejos) los conservadores desde hace muchos años y, como no cambien las cosas, en España lo harán un día los conservadores de Vox si se desprenden de algunos aspectos conflictivos de su discurso y el PP sigue en su ruta suicida hacia la pérdida de valores la lucha por el poder (y sus privilegios) como un fin en sí mismo.

El que ha pasado del cielo al infierno de la política es Ciudadanos, dimisión de su líder incluida, tras un monumental batacazo electoral a la altura del histórico batacazo de la UCD en los años 80. C's fue la ilusión de miles de españoles por su perfil de formación de personas independientes, con carrera y trabajo fuera de la política, unidos a políticos de prestigio de izquierda y derecha, en torno a un proyecto de centro, una tercera vía a medio camino entre la socialdemocracia moderna y el liberalismo social. Y además, con una plataforma inmejorable, al proceder de Cataluña, donde llegaron a triunfar con un discurso coherente, de valiente defensa de los derechos de los ciudadanos catalanes frente al atropello permanente del supremacismo separatista. Hace dos o tres elecciones (son tantas ya...) eran los favoritos en las encuestas electorales, que indicaban un cuádruple empate con Podemos (entonces también en la cresta de la ola mediática y política), PSOE y PP. Ese discurso y trayectoria triunfante duró poco tras los bandazos y ocurrencias preelectorales de sus líderes y, sobre todo, tras el contacto con el poder real que dan los muchos diputados autonómicos y nacionales conseguidos. Los valores ideológicos del centro y la ausencia de manchas de corrupción fueron remplazados hace tiempo por el marketing político y la lucha por el poder en sí mismo, por una sucesión de eslóganes ("la nueva y vieja política", los aforamientos, las diputaciones...), giros bruscos de timón (ahora voto a Sánchez, ahora lo rechazo, ahora reniego de Rajoy, ahora le apoyo) y “gatillazos” (no presentarse a la investidura en Cataluña, a pesar de haber ganado las elecciones, después de haber puesto a "caldo" a Rajoy por dar su célebre "paso atrás") que lo han convertido en una oferta muy poco fiable. Más de lo mismo, pero con menos estructura y mucho adanismo. Para eso, mejor retornar al PP o al PSOE, o incluso quedarse en casa a rumiar la decepción, han pensado sus votantes. Hace años UPyD se hundió tras rechazar la oferta de C's de ir unidos a las elecciones. Hoy C's se hunde tras rechazar la oferta del PP de ir juntos a esta convocatoria electoral. ¿Casualidad? No lo creo.

El cuarto jinete de este apocalipsis ético-político es Podemos. En muy pocos años ha pasado de ser la esperanza de la izquierda española y del movimiento "indignado" a ser casi irrelevante. Muchos de sus votantes han vuelto al PSOE como mal menor y muchos otros, decepcionados, se han quedado en casa. Las peleas internas, el apoyo al discurso-borroka de los separatistas, poniendo en cuestión la democracia española y la defensa de la ley en Cataluña y, sobre todo, la incoherencia de sus líderes, simbolizada en el chalet de lujo de Pablo Iglesias e Irene Montero en una zona exclusiva de alto standing de Madrid, ha provocado una profunda desilusión en quienes ingenuamente habían creído en Pablo Iglesias como un nuevo mesías de la política española. Ambos, C's y Podemos, se apoyaron para su ascenso en líderes con tirón mediático y un discurso ilusionante. Los bandazos e incoherencias de uno y otro les han arrastrado en una caída hacia el abismo del fracaso político.

Los separatistas catalanes (y en parte el nacionalismo vasco) se han quedado más o menos como estaban, trasvasándose algunos votos entre ellos. Sin embargo, están en un callejón sin salida, donde se metieron solos al apoyar-protagonizar un golpe de Estado contra un Estado democrático. Nadie fuera de España les apoya ni les hace caso. Ahora, por primera vez, es muy probable que tampoco se necesite su apoyo en el Congreso de los Diputados en la propia España.

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  216 votos
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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore | 0 comentarios valoración: 1  258 votos
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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  279 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 145 comentarios valoración: 2  3936 votos

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