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30 MAYO 2020
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La OTAN y la UE: dos caras de la misma moneda

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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Las recientes declaraciones del presidente Macron a The Economist, en las que se atrevía a asegurar que la OTAN se encuentra en un proceso de muerte cerebral, han sido impactantes. Ha dicho lo que nadie se atreve a expresar en voz alta. Se explica así que otros medios de comunicación hayan querido preguntar a Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza, si comparte esta visión pesimista. Este ha sido el caso de Bernardo de Miguel, corresponsal de El País en Bruselas, con una entrevista preparatoria para la próxima Cumbre conmemorativa del 70º aniversario de la fundación de la OTAN (Londres, 3 y 4 de diciembre). Cabe esperar que dicha reunión sea más lucida que la celebrada en Washington en abril pasado, donde no faltó el inconfundible sello “trumpiano” desmerecedor de la efeméride. Sin embargo, Stoltenberg tuvo su momento de gloria con un discurso ante las dos cámaras del legislativo norteamericano.

¿Podríamos decir que la OTAN de hoy oscila entre Trump y Macron, entre un cierto aislacionismo y un retorno de la política exterior gaullista que da preferencia a Europa antes que al vínculo trasatlántico? No cabe duda de que con Trump este vínculo se ha debilitado, pese a que Stoltenberg en la entrevista insiste en que en 2020 tendrán lugar las maniobras más importantes con participación norteamericana desde el final de la guerra fría. El secretario general siempre pretende limar asperezas con Washington, pero no siempre resulta del todo creíble. La realidad es que Donald Trump no deja de ser un empresario acaudalado que no cree en otras alianzas que las económicas, aunque, por su naturaleza, sean rigurosamente provisionales. Por lo demás, tiene una política exterior errática, no tanto porque pretenda serlo sino porque le gusta asemejarse a una partida de póker, en la que la astucia se considera sinónimo de inteligencia. Esto difícilmente lo soporta cualquier alianza estable.

Con todo, Macron parece criticar más a Macron que a Trump. Considera que la UE y la OTAN son dos caras de la misma moneda y que la unidad europea no puede reemplazar a la unidad trasatlántica. En efecto, hay líderes europeos que creen en la necesidad urgente de una defensa europea porque no terminan de confiar en la OTAN, sobre todo porque desconfían de si funcionará el principio de defensa colectiva a la hora de la verdad. Pero es muy probable que estos líderes sean europeos occidentales y que coincidan con Francia, Bélgica o Luxemburgo. Sin embargo, la mayoría de los líderes europeos centrales y orientales creen, o quieren creer, si no en la OTAN en una relación especial con EEUU, aunque esta tuviera que ser, llegado el caso, de carácter bilateral. En los antiguos países comunistas sigue estando muy extendido el recelo hacia los rusos, que crece exponencialmente cuanto más cerca se encuentran de la frontera con la Federación Rusa. Si no se encuentran tan cerca de ese límite, sus posturas pueden ser más flexibles e incluso presentar a la Rusia de Putin como representante genuino de los valores tradicionales cuestionados por la democracia liberal.

Stoltenberg insiste en que la defensa europea no puede ser alternativa a la OTAN. Esto provocará una división en Europa. Esa alternativa, según el secretario general, desembocará en una debilitación mutua. Tiene razón. La OTAN no pasa por sus mejores momentos, aunque lleva reinventándose desde el final de la guerra fría. Pese a la presidencia de Trump, no debería cundir el pánico y pensar que los europeos deben seguir su camino al margen de EEUU. Al contrario, deben construir puentes para no debilitar el vínculo trasatlántico, aunque hay que reconocer que no solo la presidencia de Trump sino la del propio Obama no han sido las mejores para robustecer ese vínculo. Si ese vínculo se debilita la tentación europea será la de un acercamiento a Rusia en nombre de la Realpolitik, que ya algunos proponen, y sin contrapartidas por parte de Moscú. Es importante reconstruir la relación con Rusia, aunque Stoltenberg asegura que no debe hacerse a costa de los principios y de la seguridad. Se diría que el secretario general no ve con muchas posibilidades de éxito la política de acercamiento de Macron a Rusia. En este sentido la política exterior francesa sigue siendo muy gaullista.

La división interna de la Alianza no se solucionará tras la Cumbre de Londres, pero el objetivo, que no es corto a plazo, de la OTAN es mejorar el vínculo trasatlántico, sin descuidar la defensa europea, especialmente en un momento en que Gran Bretaña va a abandonar la UE. Europa y EEUU deberían de tener en cuenta que son más fuertes cuanto más se aproximan. Lo contrario es dejar el campo libre para la preponderancia de China y Rusia.

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