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23 ENERO 2020
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>Entrevista a Miriam González

"Los ciudadanos debemos implicarnos en política"

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Miriam González Durántez, autora de Devuélveme el poder (Península), es abogada especialista en comercio internacional.

¿Quién tiene que devolver el poder?

Los partidos políticos y sus líderes. Tenemos un sistema que concentra muchísimo poder en los políticos, y además les pone muy pocos controles, creo que se debe a nuestras circunstancias históricas, a querer que no descarrilara la Transición, pero ya ha pasado medio siglo y es hora de que lo modernicemos un poco.

¿Cuál fue el mecanismo para que los políticos tuvieran tanto poder? Dice usted que tiene que ver con la Transición, ¿cuáles son las causas de que los partidos hayan acumulado tanto poder?

En ese momento, justo después de salir de una dictadura, que además acaba porque el dictador muere ya mayor en cama, había interés en que el poder no se compartiera mucho con los ciudadanos, porque cuanto más desagregas el poder, más fácil es que las cosas vayan en direcciones que tú no controlas. Se ve en el hecho de no haber puestos controles en la administración, por ejemplo; los contratos públicos se han podido hacer de manera muy directa por parte de los partidos políticos y gobernantes. Las listas electorales son un buen ejemplo, no se nos deja elegir exactamente al candidato que queremos sino que nos los ponen en una lista y en el orden que quieren. Como ciudadano, no hay nada que tú puedas hacer para elegir a la persona que quieres. Esas cosas a lo mejor tenían sentido a finales de los 70, en los 80, pero ya han pasado 40 años y creo que la sociedad española ha dado muchísimos ejemplos de madurez, hay muchísimos controles que tienen lugar en muchos países similares al nuestro, donde con toda naturalidad se puede controlar al poder político, y no sé por qué los españoles nos tenemos que contentar con darles tanto poder a nuestros políticos.

Hay una responsabilidad por parte de la clase política, que si se encuentra el terreno abonado, tira hacia adelante, ¿pero qué responsabilidad tenemos los españoles como sociedad civil, somos especialmente pasivos, estamos dispuestos a tragar con casi todo, haría falta empezar a tomar conciencia de esto? De abajo arriba, ¿qué falta para recuperar el poder?

Yo defiendo la implicación de los ciudadanos en la política, que además no creo que implicarse en política signifique necesariamente presentarse como candidato a parlamentario, sino que hay muchísimas maneras en las que se puede participar, a nivel local, regional, simplemente haciéndoles saber a los políticos tus opiniones. Normalmente nos quejamos por escrito con más facilidad de un restaurante que no nos gusta que de una política que no nos gusta. Se nota una cierta inercia, una cierta pasividad, y para mí, personalmente, el año 2010, cuando llegó el voto de Trump, el voto del Brexit, fue una llamada de atención a la implicación, a que hay que implicarse. De hecho, para mí este libro es una forma de implicarme desde donde estoy, que es muy lejos de España, pero creo que cada uno de nosotros debe buscar su manera. Si no reformamos el sistema desde dentro, se va a romper desde fuera, y eso se ve cada vez de una manera más clara. Los últimos resultados son una prueba más de ello.

Su libro habla de cosas muy concretas, como de la contratación pública. En España se ha modificado varias veces la ley de contratos, se ha adaptado la normativa europea para que esa ley fuera transparente, competitiva, en principio. ¿Cuál es el problema de la contratación pública? Porque de esto no se habla mucho.

Ha habido más o menos treinta cambios y sin embargo los propios organismos estatales nos siguen diciendo que falta supervisión sobre los contratos. Muchas veces, incluso aunque se revisan las normas de una manera adecuada, después no se hace hincapié en cómo se cumple con esas normas, y se ponen organismos de supervisión que o bien no son eficientes, o bien simplemente dependen del poder político. Uno de los casos donde hemos visto más claramente cómo las contrataciones públicas y la administración no están realmente a nuestro servicio y hay que reformarlas, es el caso de los ERE que acaba de salir. ¿Cómo es posible que algo así ocurra durante diez años y nadie desde la administración fuese capaz de detectarlo y repararlo?

Incluso peor, porque el interventor advertía continuamente y aun así seguían…

Normalmente, en otros países tienes tantos sistemas de control superpuestos que no puede ocurrir nada parecido sin que toda la administración se active. Y esas cosas tampoco son tan difíciles de poner en marcha, ocurren en muchísimos países y ni siquiera necesitan una reforma constitucional. Necesitan empezar a hacerlas.

Usted denuncia distancia de los políticos de la sociedad y critica el sistema electoral, que para aceptar listas abiertas en las generales, por ejemplo, tendría que implicar probablemente una reforma constitucional. ¿Qué ha provocado que tengamos unos partidos tan autistas?

Al final esto ocurriría en todos los partidos si hubieran tenido los mismos controles. Como tenían pocos mecanismos de entrada, han ido expandiendo su poder, y lo han expandido con la contratación pública, con la reglamentación, que se reglamenta con unas 110 páginas por día en España, es algo impresionante, y después han ido aumentando su poder, a través de todos esos controles que se han quitado. Por eso estamos como estamos. Hay muy pocos sitios que yo conozca con esa pleitesía que le tenemos que rendir a los políticos, que parece que están en la cúspide de la pirámide social, cuando en muchos otros sitios se les consideran personas que están al servicio del ciudadano. Criticamos mucho la parafernalia de los políticos, esos veinte mil asesores, cinco mil coches públicos, todas esas cosas las criticamos a través del coste que nos supone, que eso es incuestionable pero dentro del conjunto a lo mejor tampoco es tanto, porque el coste de poder que tiene para nosotros es enorme.

¿Tenemos entonces una falta de cultura democrática?

No tanto de cultura democrática, creo que los españoles tenemos una cultura democrática buenísima, pero tenemos un sistema que no nos responde a esa cultura democrática. Miro lo que ha ocurrido en 2008, y la verdad es que la sociedad española es de admirar, no hay que retrotraerse a la Transición. Todo el mundo se lanzó a la solidaridad, a las exportaciones, ni siquiera se fue inmediatamente al populismo ni le echamos la culpa a Europa. Tú comparas esto con otros países y ya les gustaría a muchos políticos tener la sociedad que tenemos en España. Ahora hace falta moverlo a una reforma del sistema. Ahí es donde está el juego durante los próximos dos o tres años, y no creo que sea exclusivamente una cuestión territorial, que es donde se centra ahora todo el debate políticos, sino que es una reforma muchísimo más amplia, y es de modernización del sistema. Y lo tenemos que exigir todos, porque si no lo exigimos claramente no va a ocurrir.

¿Por qué hay tanta dificultad para el pacto? ¿Y por qué en las últimas elecciones nos hemos ido a posiciones más extremas? Es algo que no ocurría antes. En 2011, el 70% votaba a partidos de centro izquierda o centro derecha y ahora el panorama se ha centrifugado, ¿qué ha pasado?

Son dos preguntas muy distintas. Con respecto a los pactos, cada vez se fractura más el panorama político, y eso sí lo tenemos en común con muchos otros países. Lo que es absolutamente excepcional en España es que se puedan pasar los líderes de los partidos políticos cinco o seis meses simplemente diciendo que no quieren negociar con uno, que ni siquiera hablan de programas políticos y que, aunque toda la sociedad no quiera tener que repetir elecciones, al final todo depende de tres personas, de tres líderes de partidos políticos, que podían haber llegado a un acuerdo antes de estas últimas elecciones y ellos deciden, personalmente, ni siquiera de acuerdo con sus respectivos partidos sino con sus camarillas, no hacerlo. Y se vuelve a ver lo que ha ocurrido en las últimas semanas. Volvemos a tener una situación en la que hay un reparto de cargos, ya sabemos quién va a estar en cada ministerio, pero no sabemos cuáles son los acuerdos específicos con respecto a las distintas políticas. Yo vi la negociación de la coalición muy directamente en el Reino Unido. Allí había un programa donde, capítulo por capítulo –y esto se negociaba en tres días– se iba viendo qué tipo de políticas se iban a hacer. Al final, creo que aceptamos en España que no nos rindan cuentas, porque al final estas cosas las necesitamos para que rindan cuentas. Respecto al populismo, creo que son unas circunstancias muy específicas las que hemos tenido en España. Repetir un proceso electoral innecesario en un momento en que salían las sentencias del procés iba a tener un coste, y ese coste ya lo tenemos en el parlamento.

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