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1 OCTUBRE 2020
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>Entrevista a Angelo Scola

'El Estado laico necesita cristianos'

Domenico Agasso | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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Fue patriarca de Venecia durante nueve años y arzobispo de Milán durante seis. Hoy el cardenal Angelo Scola está “contento de poder dedicarme a ser cura, escuchar a la gente, confesar”. Imberido, en la provincia de Lecco, es “un buen retiro” para este purpurado de 78 años que, a pesar de “algunos achaques” sigue haciendo “todo lo que hacía antes, pero en menor medida”. Con un “pensamiento dominante: pedir a la Virgen la gracia de ver el rostro de Dios”.

Eminencia, ¿cómo ve la situación general de la Iglesia, especialmente en Italia y Europa?

La Iglesia, igual que el mundo, atraviesa dolores de parto, especialmente en Europa, y por tanto también en Italia. Dolores de parto es una expresión positiva, pues supone la espera de un nuevo nacimiento.

Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, ¿cuáles son los aspectos más incisivos de sus respectivos pontificados?

Juan Pablo II es el Papa de la libertad, personal, eclesial y social. Benedicto XVI es, como él mismo ha dicho, un “humilde siervo en la viña” que nos donó una profundización genial del sentido cristiano de la vida que aún está por explorar. Francisco es el Papa de la cultura popular, capaz de una cercanía extraordinaria con las personas, sobre todo con los marginados.

¿Cómo interpreta los ataques al Papa desde dentro de la Iglesia?

Los ataques, sobre todo al Papa, siempre son un error. De pequeño aprendí que “el Papa es el Papa”. Otra cosa son las críticas constructivas.

¿Teme que haya un cisma?

No. Más bien temo que en la oposición entre “conservadores” y “progresistas” estemos volviendo cuarenta años atrás. Eso me entristece porque cuando comencé mi ministerio en Milán me parecía que por fin se había superado aquella contraposición.

¿Qué papel debería tener el cristianismo en Europa?

Los cristianos son una comunidad llamada a mantener viva la cuestión del “sentido” de la vida de cada hombre y de cada pueblo. Sentido como significado: ¿por “quién” vuelvo a levantarme todas las mañanas? Y sentido como dirección, es decir, como opción, llena de alegría, por la propuesta de Cristo y de la Iglesia.

El cristianismo parece sacudido por los que quieren convertirlo en una religión civil y quien lo concibe solo con intransigencia doctrinal, ¿qué camino hay que recorrer?

Reducir el cristianismo a religión civil significa afirmar la doctrina y los valores separados de un sujeto personal y comunitario, como si la Iglesia no fuera un lugar de verdad y belleza que abre de par en par a una vida feliz en esta tierra y hace concreta la promesa del paraíso. Los llamados “progresistas” hablan mucho de un retorno al Evangelio, pero no siempre indican sus implicaciones, sobre todo las éticas. En cambio, son muy sensibles a las sociales, pero una reducción de este tipo corre el riesgo de la ideología, aun sin querer.

¿Cree que los católicos todavía pueden contar en la política italiana?

Aunque solo hubiera uno que viviera la política con los criterios citados, contaría. Pero no creo que sea el momento de una nueva etapa del catolicismo político en sentido estricto. Esperamos y rezamos para que surjan cristianos capaces de crear una realidad política “laica” en la que, con condiciones claras, cualquiera pueda encontrar espacio para expresarse.

¿Qué piensa del uso político de los símbolos religiosos por parte de ciertos líderes de partidos políticos? ¿Es compatible con una propaganda de cerrazón ante los inmigrantes?

Los símbolos religiosos se emplean de manera auténtica cuando expresan la fe viva de los sujetos que los proclaman. ¿Pero quién, sino Dios, puede juzgar la fe de una persona? En todo caso, mi experiencia en Oasis (fundación que promueve el encuentro entre cristianos y musulmanes, ndr.) me ha convencido de que debemos mantener las puertas abiertas a todos, con un proyecto ordenado y realista. Sin espacios públicos de confrontación sobre la esencia y la historia de nuestra relación con los musulmanes, será difícil llegar a esa libertad religiosa y de culto que debe tener una sociedad plural.

¿Qué papel tiene Dios en la actualidad?

A primera vista, es un olvidado. Hay élites que invocan “el retorno de los dioses”, un neopaganismo que permita una libertad desatada. Esto tiene consecuencias trágicas para nuestra juventud. Pero el hecho de estar olvidado, no significa que Dios no exista o actúe. Ahí radica nuestra esperanza.

¿Qué piensa de la posibilidad de ordenar sacerdotes a diáconos casados?

Soy muy, muy escéptico respecto a la bondad de esta decisión. El celibato sacerdotal de la Iglesia latina, más allá de todas sus fragilidades, es una piedra preciosa que hace evidente la potencia misericordiosa del Señor para todo el pueblo de Dios.

¿Qué importancia tiene el diálogo interreligioso tan buscado por el papa Francisco?

Es decisivo porque no existe fe que, al encontrarse con un pueblo, no se convierta también en religión. Tras crear el centro Oasis, entiendo cada vez más que a este diálogo, sin reducirlo a discursos, estamos obligados por el mestizaje que ya vivimos en todo el planeta.

Entrevista publicada en La Stampa

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