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12 AGOSTO 2020
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En el impeachment contra Trump, primero las reglas

Riro Maniscalco | 0 comentarios valoración: 1  16 votos
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Empecemos por situarnos en medio del procedimiento contra el presidente Trump, un auténtico “proceso”. Pero no se trata solo de un proceso ordinario sino un itinerario judicial que los Estados Unidos, en su relativamente joven historia, ha experimentado dos veces, con Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998). Las reglas del juego en un desafío como este cuentan bastante: el tiempo que se dé a las partes para presentar sus tesis y pruebas, la autorización de citas a testigos. Toda una complejidad de situaciones y personajes que presentan su historia, desde los “House Managers”, es decir, la acusación demócrata, a los defensores de la Casa Blanca, guiados por Kenneth Starr, que puso a punto el informe que determinó el impeachment de Clinton, o el juez John Roberts, que preside el proceso y el Tribunal Supremo. Todo ello delante de cien senadores, 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes. ¿Será solo la razón de partido la que dicte el voto? Si así fuera, las cifras ya nos darían el veredicto antes de empezar. Pero quién sabe lo que puede pasar.

Para empezar, la primera sorpresa ha llegado en el terreno minado de la admisión de testigos, una de las grandes reglas del juego. Ya hemos escuchado muchos falsos testimonios antes pero últimamente han aparecido grabaciones, declaraciones, documentos que serían relevantes para la acusación. Dados los números, se podría esperar un rechazo total de la cuestión, un no rotundo de los 53 senadores republicanos a la admisión de ciertos testigos. Además, el portavoz del Senado, Mitch McConnell, responsable de guiar la creación de las “reglas del juego”, es un defensor declarado de la tesis republicana según la cual Trump no ha “abusado” sino que sencillamente ha “usado” el poder. Poder del que ha sido investido mediante un proceso democrático de elecciones, es decir, popular porque aquí al presidente lo vota la gente, “don’t forget that”. Inesperadamente, todos los senadores, es decir, literalmente cien sobre cien, acordaron no deliberar sobre la cuestión y decidieron esperar la presentación de las tesis, de defensa y de acusación, antes de decidir sobre la admisión de nuevos testigos. En otras palabras, escuchemos a las partes y luego razonemos sobre ello. Extraña aparición de un criterio distinto del de la pertenencia partidista.

Entonces, ¿todos contentos? Nada de eso. Al presidente y a los hombres de la Casa Blanca no les ha gustado nada. ¿Por qué? Sencillo. Que la gran batalla campal del impeachment comience con un respetuoso intento de encontrar reglas comunes no es para nada una buena señal para quien confía en el partidismo que, con los números en la mano, garantizaría una absolución total y allanaría el camino de cara a una posible reelección.

Pero estoy convencido de que a Trump no le preocupa en absoluto. Se puede lugar por ser el presidente de todos o del 51% de la nación. Él ya tomó su decisión cuando se metió en política. ¡Y que Dios bendiga a América!

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