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2 JUNIO 2020
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>Entrevista a Joseba Arregui

"No podemos estar tirando por la borda todo lo que hemos construido hasta ahora"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  37 votos
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Repasamos la actualidad con el exconsejero del Gobierno Vasco que percibe el riesgo de que “al convertir todo en derechos se elimine el necesario debate político. Ya que los derechos humanos son unos cuantos básicos que luego pueden tener formulaciones distintas”.

¿Cómo valora el acuerdo de investidura que ha llevado a Pedro Sánchez a renovar el cargo de presidente del Gobierno?

Lo primero que me viene a la mente es que es la continuidad de una estrategia que viene de los tiempos de Pascual Maragall y el expresidente Zapatero. Unos líderes políticos llegan al convencimiento de que tanto para Cataluña como para el resto del Estado no hay otra salida para la izquierda que alinearse directamente con los nacionalistas sean o no sean radicales y planteen lo que planteen. Así creen que está asegurado el poder para la izquierda y la reducción a una esquina del espectro político del PP. Y esto viene de los tiempos de Maragall y Zapatero, de hecho es una continuación de aquello, no es nada nuevo. Se reinventa a sí mismo con unas palabras u otras pero es la estrategia del pacto del Tinell y del cordón sanitario contra el PP.

“Solo se tienen en cuenta las posibilidades y necesidades del presente y además un presente manipulado permanentemente”

Aunque es verdad que es una maniobra que le permite alcanzar el poder, ¿no es una estrategia suicida para la izquierda a largo plazo?

Puede que sea una estrategia suicida para la izquierda pero el largo plazo me temo que no existe y no solamente para la izquierda. El largo plazo es un plazo que no existe, hoy en día solo existe el ahora. Solo se tienen en cuenta las posibilidades y necesidades del presente y además un presente manipulado permanentemente. Pero no hay largo plazo ni posibilidades siquiera de pensarlo.

¿En qué medida puede degradar a nuestra democracia un pacto de esta naturaleza?

Termina dañando a todos. Aunque alguno pueda decir que hemos estado sin Gobierno y no ha pasado nada, incluso se dice como chiste que en Italia funciona mejor cuando no hay gobierno pero aquí hay una enseñanza muy importante. ¿Por qué puede funcionar todo si no hay Gobierno? Porque gracias a Dios sigue existiendo el Estado y la Administración que son estables a largo plazo y tiene permanencia en el tiempo; lo que cambian son los gobiernos y es muy difícil que tengan la capacidad de destruir eso que hace que una sociedad se mantenga viva en el tiempo. Y aunque no haya Gobierno la Administración paga las facturas, se paga a los funcionarios, se cobran las pensiones, el Estado está ahí, el monarca está ahí y las instituciones, aunque sea cojeando por la manipulación de los políticos en el Gobierno, están ahí. El Estado está y la Administración está y por eso tenemos esa sensación de que las cosas sigan funcionando aunque no haya Gobierno. El poder de la permanencia es un poder muy fuerte.

En este presente continuamente manipulado del que hablaba antes es imposible tener un debate sereno y en profundidad sobre cualquier tema como se ha visto en el caso del pin parental.

Lo que me extraña es que sea la izquierda la que desideologice todo aquello que tiene que ver con la educación. Cuando era la izquierda la que reclamaba siempre la necesidad de criticar la ideología latente u oculta en cualquier tipo de educación y ahora van a decir que en la enseñanza, en planteamientos socio-afectivos, sexuales, en la diversidad de las formas familiares… ¿no hay ninguna ideología detrás? Cuando luego en los debates diarios lo están ideologizando permanente. Es absurdo, sabemos todos que hasta la forma de enseñar física tiene un contenido ideológico, en el sentido de que siempre hay detrás la voluntad de someter a la naturaleza. En la forma de enseñar las formas familiares, las formas sexuales, la identidad de género, la desconexión total de todo ese mundo reproductivo, amoroso y sus raíces biológicas, cuando por otro lado estamos reclamando el cuidado de la naturaleza de la que nos nutrimos… y me va a decir que no hay ninguna ideología. ¡Debatamos sobre esa ideología!

“Se ha eliminado el debate del espacio público”

¿Qué puede suceder?

Va a pasar lo mismo que sucedió en su día con la educación cívica que planteó Zapatero. Porque en lugar de plantear los principios constitucionales de la tolerancia, de la diferencia… ¿Quién garantiza esa libertad de los diferentes? En lugar de eso querían educar en sexualidades postmodernas. ¿Qué se consiguió entonces? Cargarse la asignatura de educación cívica. ¿Ahora va a pasar algo parecido? Probablemente. ¿Por qué? Porque no se admite ningún debate, porque hay personas que dicen que tienen la razón en eso y son peores que nunca lo fue la Inquisición. Se han inventado nuevos dogmas, hay que creer en nuevos dictados de la razón de algunos. Me da la impresión de que se ha eliminado el debate, como usted decía, y que un tema muy serio no puede ser debatido racionalmente, es decir críticamente, en el espacio público por unos y por otros.

¿No juega Sánchez a la trampa de que el que está en mi contra es porque no es progresista?

Es tramposo desde el principio porque ¿cuándo estamos contra él? Cuando dice esto hoy o cuando va a decir esto mañana, que será distinto de lo que ha dicho hoy. ¡Si no se puede saber ni contra qué se está! Es el permanente endiosamiento de alguien que cree poder configurar el mundo cada mañana como bien le da la gana y como bien pueda cumplir el servicio de mantenerse en el poder. Eso lo puede hacer cada mañana con una doctrina que había en la Edad Media que se llamaba ocasionalismo, la realidad exterior no es más que la ocasión para la manifestación de mi soberanía absoluta. Y frente a eso no hay nada que hacer, esperar a que explote algún día por algún lado y procurar que nos pille lejos.

Frente a este desafío hay una sociedad civil que construye. Empresas que innovan, abuelos que ayudan a sus familias… ¿Puede ser la sociedad civil un contrapeso?

Tiene toda la razón del mundo. Y es que lo que permanece en el tiempo, si es que existe un Estado y una Administración, como citábamos antes, es también una sociedad civil. El Estado y la Administración son una referencia para que la sociedad civil pueda reconocerse a sí misma y permanecer en el tiempo. Esto es una necesidad antropológica que ni Sánchez ni Iván Redondo ni los gurús que reducen todo a una comunicación acertada aunque no diga nada pueden borrar en absoluto. El ser humano intenta permanecer en el ser y seguir existiendo. Esto es algo estructuralmente propio del ser y eso es posible porque existe el Estado y la Administración, y eso permite que la sociedad siga existiendo independientemente de los vaivenes de la política que pueden hacer daño y pueden arrastrar a los más incautos pero que son incapaces de destruir tendencias que son muy serias y muy profundas, que son muy ecologistas y muy adaptadas a lo que se promueve hoy en día, que es la conservación. No podemos estar tirando por la borda todo lo que hemos construido hasta ahora.

“La sociedad necesita aportaciones positivas”

Ciertas evidencias morales han caído, por lo que en una sociedad plural es un desafío la búsqueda de unos consensos mínimos. En este contexto, ¿el testimonio de los cristianos de la “belleza que hemos encontrado” puede ser una aportación positiva para la sociedad?

Claro que puede ser y debe ser. Además la sociedad vive de esas aportaciones “voluntarias”. Pagamos impuestos obligatoriamente pero aparte de eso puede haber aportaciones voluntarias, que no todas tienen que ser fiscales sino que son aportaciones de tiempo, de proyectos, de voluntad, de creencias… que son aportaciones positivas para la sociedad porque la sociedad necesita algo más que la moral posible en una sociedad plural. Toda la moral posible, toda la ética posible en una sociedad plural está recogida en los principios constitucionales de los derechos humanos. Eso es lo común que tenemos. Como decía el filósofo moralista estadounidense Michael Walzer. Los derechos humanos, para ser realmente humanos y universales, tienen que ser pocos porque si empezamos a multiplicarlos empezamos a concretarlos y si empezamos a concretarlos empezamos a particularizarlos y dejan de ser universales. Es la trampa en la que ha caído esta postmodernidad, empezando por la ONU y muchísimas otras organizaciones. Todos son derechos humanos pero no es verdad. Derechos humanos son unos cuantos básicos que luego pueden tener formulaciones distintas. La enseñanza de las relaciones sexuales-afectivas a los niños puede ser constitucional pero, ¿hay una única forma constitucional de llevarla a cabo? Pues no, no hay solamente una única fórmula de llevarla a cabo. La vivienda digna que manda la Constitución, ¿hay una forma única de llevarla a cabo? Pues no, podrá ser con más o menos alquiler, con más o menos vivienda tasada… puede haber distintas fórmulas y distintas combinaciones de fórmulas.

“Tendremos que aprender todos a vivir y convivir con diferencias respetando unos mínimos límites pero no traduciendo todo a mandamientos positivos”

Y esto limita el debate.

Queremos ponerlo todo en la Constitución y todo son derechos cuando, en realidad, lo que hacemos es acabar con todos los debates políticos que debe haber. Es muy complicado porque cada uno quiere sentirse muy seguro en aquello que cree y lo suyo propio debe estar constitucionalizado para evitar debates, con lo cual está negando la libertad de conciencia de los demás y entonces nos estamos cargando la democracia. Tendremos que aprender todos a vivir y convivir con diferencias, respetando unos mínimos que son ideas límites pero no traduciendo todo a mandamientos positivos de manera que solo pueda haber un modo de hacerlo para respetar la Constitución.

Me viene a la mente lo que escribía un magistrado ahora emérito muy valorado en España, sobre todo por la izquierda, Martín Pallín, que cuando se aprobó la ley del aborto de Zapatero escribió un artículo en El País diciendo que la ley de Zapatero era la única constitucional, no religiosa, no dogmática, científica, democrática que era posible. ¿Qué está diciendo, que todas las regulaciones habidas hasta entonces, incluida la de Felipe González, eran inconstitucionales? Está negando la libertad conciencia. ¿Hay que aceptar la ley de plazos sin más? ¿No se pueden discutir las cosas? ¿Solamente hay una fórmula y todos se tienen que atener a ella? Y yo soy el dueño de esa fórmula y la verdad… para sí hubieran querido los señores de la Inquisición tener esa seguridad.

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