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28 MARZO 2020
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La España que construye: Migración

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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Los migrantes son una oportunidad para España pero su acogida e integración no es algo automático. Su aportación a la vida del país es evidente y así lo han certificado numerosos trabajos. Su presencia y su integración nos invita a reconsiderar por qué estamos juntos, qué experiencias fundamentan nuestra vida común. La Compañía de las Obras y paginasdigital.es han comenzado sus trabajos sobre el proyecto “La España que construye” con una mesa de trabajo dedicada a la migración. Fueron invitadas a participar en esta mesa de trabajo responsables de obras que trabajan en la acogida e integración de migrantes en muy variadas formas, en educación, formación profesional, atención a MENAS y a refugiados. Todos los invitados realizaron sus aportaciones a partir de una contrastada experiencia en el sector. Se les plantearon algunas cuestiones candentes y ofrecemos ahora a nuestros lectores sus principales conclusiones. Esta mesa de trabajo servirá como material para seguir reflexionando, a partir de un trabajo realizado desde abajo, sobre la España que construye en el terreno de la inmigración.

1.- Una gratuidad que estima a la persona

Las políticas migratorias en España son deficientes para la regularización de los que vienen de fuera, para facilitar la relación entre extranjeros y el mercado de trabajo. La política de asilo tiene también importantes deficiencias y el reto de la integración no puede darse, ni mucho menos, por superado. Pero según los participantes, hay una sociedad civil que está haciendo su trabajo: está acogiendo. La gratuidad, especialmente a través del voluntariado, ha creado redes que integran y sostienen. Los migrantes se ven, a menudo, sorprendidos por una valoración de sus personas que no esperaban. La gratuidad es un movimiento de doble dirección porque ayuda al migrante a sentirse estimado, a superar el miedo y el rechazo. También ayuda al que la realiza a saber mejor quién es. En este campo hay un trabajo importante que hacer, “para entender por qué tenemos que acogerles –señala una de las participantes–. Aquí no basta el discurso de que todos somos hermanos. Eso no basta para fundamentar una apertura al otro”.

Se invita a los políticos a conocer más de cerca a la sociedad civil comprometida en este sector. “Cuando hablamos con los políticos, se sorprenden de lo que les contamos, parece que la clase política está muy separada de la realidad”, señala uno de los participantes.

2.- El sistema de regulación contemplado en la Ley de Extranjería no funciona

“De forma irregular entran en España 25.000 personas al año, pero por el aeropuerto de Barajas entran 400.000, que a los tres meses pasan a ser irregulares. Entran regulares con un visado de tres meses, que a los tres meses caduca y se quedan de irregulares –señala uno de los participantes–. El problema en España es que, para regularizar su situación, tienen que estar tres años como irregulares, buscándose la vida para poder presentar un informe de arraigo”.

Los tres años de situación de irregularidad provocan problemas serios de trabajo y de vivienda. En estas circunstancias resulta muy difícil poder alquilar una vivienda. Por eso crecen las mafias de okupas que realquilan pisos ocupados. Una de las organizaciones convocadas a la mesa de trabajo explica que están haciendo experiencias de co-alquiler para irregulares. La fórmula consiste en realizar un alquiler a nombre de la entidad para que los migrantes en situación irregular puedan tener techo. “La pregunta es de qué viven y dónde viven durante esos tres años: del trabajo en negro, del top manta, de lo que sea…”, señala uno de los participantes. Otro añade: “los tres años están generando un mercado negro y un drama enorme”. Se ha argumentado que el plazo es necesario para evitar el efecto llamada, pero parece conveniente que aquellos que estén en España y tengan una oferta de trabajo puedan acceder a la documentación que les permite residir regularmente de forma inmediata. Eso permitiría que cotizaran a la Seguridad Social y entraran en un proceso de normalización.

Una vez pasados los tres años, tampoco la solución suele ser inmediata. Es fácil que para presentar el informe de arraigo no haya citas disponibles. El informe de arraigo lo hacen las Comunidades Autónomas. Una vez obtenido, es necesario pedir cita en la Delegación de Gobierno, que está desbordada. A los solicitantes se les exige mucha documentación, que es difícil conseguir y luego renovar, porque son documentos que caducan. Los gastos son importantes.

3.- Por otra política de asilo

“Los solicitantes de refugio entran en España como pueden y algunos lo solicitan inmediatamente, pero otros no. En cuanto lo solicitan entran en el sistema de asilo y refugio y empiezan a recibir ayudas. La tramitación es larga. Uno de cada 20 es aceptado, así que los otros 19 se quedan de irregulares”, denuncia una de las participantes. Los solicitantes a los que se deniega el asilo, que se convierten en migrantes irregulares, han estado en España recibiendo todo tipo de ayudas y luego se quedan en la calle. El sistema de protección internacional establece un tiempo máximo de dos años. Muchos de los solicitantes de asilo utilizan esta opción para llegar a ser regulares. Reciben las ayudas durante dos años y cuando se las deniegan esperan un año para regularizarse.

Ahora estamos viviendo, sobre todo por la llegada de refugiados de Latinoamérica, la crisis de refugiados que no se vivió en 2015.

4.- El reto de la integración

“Nos hemos encontrado con familias que consiguen regularizar su situación, pero no se integran porque no se relacionan con nadie”, señala una de las participantes. La falta de relaciones es un problema importante. Hay miedo y falta de información. “No creo que su falta de relación se deba a una falta de interés sino a su condición y a su miedo”, apunta otra de las participantes que trabaja con jóvenes migrantes.

Es necesario definir qué significa integración. Parece conveniente considerar que un migrante está integrado cuando tiene amigos autóctonos y se relaciona con ellos, amigos de origen español o de otras procedencias. Alguno de los participantes señala que “la primera generación de musulmanes no se integra y vive en un gueto. La segunda va al colegio y allí se integran con otros chicos”. La segunda generación de magrebíes se integra con más facilidad porque ya domina el español, pero no le sucede lo mismo a la segunda generación de latinoamericanos. Son españoles de DNI, pero no se sienten del todo españoles. Sobre la segunda generación de latinoamericanos, uno de los participantes afirma que “son los padres los que han decidido venir, han hecho un esfuerzo. Los hijos ya no se sienten de fuera, pero tampoco tienen sentido de pertenencia, se miran con los ojos de los que los miramos como extranjeros. Son de aquí, pero saben que no los miramos como si fueran de aquí. Por eso se rebelan más a la hora de integrarse y tienden a formar guetos. Si no hay una buena integración, estos jóvenes son los que más van a sufrir”.

5.- Los dos factores fundamentales para la integración son el trabajo y la educación

Antes de 2008, la inmensa mayoría de los varones migrantes trabajaba. Pero tras la crisis, al quedarse sin trabajo se ha observado un proceso de guetización. La gran mayoría de los migrantes tienen un nivel de cualificación muy bajo y encontrar trabajo en este momento les resulta difícil. Cuando lo encuentran son en la mayoría trabajos muy poco cualificados, con una retribución y una cotización muy bajas.

Para favorecer la empleabilidad es esencial un acompañamiento que les haga conscientes de su dignidad. Uno de los expertos relata que tiene en marcha un programa para mejorar la empleabilidad a través de un cambio de mentalidad. Las entrevistas en grupo se han convertido en una barrera para su empleabilidad.

La educación es esencial para la integración y el problema es que hay zonas en las que los colegios tienen una inmensa mayoría de alumnos extranjeros, lo que favorece la formación de guetos. Por eso algunos de los participantes sugieren que se obligue a los colegios concertados a contar con un determinado número de alumnos migrantes. La aportación voluntaria que se les pide a los padres en la enseñanza concertada funciona como una suerte de filtro para los migrantes.

Son muy convenientes los convenios favorecidos por la Administración para que los migrantes puedan hacer prácticas en empresas. Conviene recuperar la figura del aprendiz, que aprende de la mano de alguien que está trabajando y que le enseña un oficio. Pero las empresas no tienen modo de incorporarlos. Es una desventaja que en la formación no reglada no haya normativa. Algunas de las organizaciones recurren a convenios de prácticas que no son ilegales, pero sí alegales.

6.- Cambiar de política con los MENAS (Menores no acompañados)

Capítulo aparte merece la valoración de las políticas realizadas con los MENAS. Falta sensibilidad para entenderlos. “A los MENAS –señala una de las personas que trabaja con jóvenes– se les lleva a Centros de Menores donde no quieren estar. Vienen de países donde se trabaja desde los ocho años. Y les damos cobijo en unas condiciones que ellos no aceptan. No saben qué hacer. Estamos planteando que se abran vías de acogida en familias. No entiendo por qué se empeñan en meter a todos juntos en el mismo barrio. Se deberían distribuir geográficamente y, sobre todo, comprenderles. Les tratamos como niños, les protegemos y ellos no vienen a eso, vienen a buscarse un futuro y a trabajar”.

“El problema –señala otra persona que trabaja con MENAS– es que no se les da ninguna opción de futuro, ninguna perspectiva de poder salir adelante. Por eso ven una salida en la delincuencia. Cuando cumplen 18 años y se les dice que tienen que quedarse en la calle, con una tarjeta de residencia no lucrativa, con la que no pueden trabajar”.

“El problema –añade otro de los participantes– es que no les damos un horizonte. Creen que han venido a un país de oportunidades, pero el sistema les va cerrando puertas delante de las narices. Hay chicos que saldrían adelante, porque en sus países lo hacían”. “Normalmente un migrante es un joven que se toma en serio opción laboral, un empresario nos llegó a decir: prefiero mil veces a los menas”. Pero las empresas no los pueden contratar, porque la oferta de trabajo tarda entre nueve meses y un año. Debería ser inmediato”, señala otro de los participantes.

Diez propuestas

1.- Valorar la gratuidad social que ya existe a la hora de acoger e integrar.

2.- Solicitar a la clase política una mayor cercanía con los problemas reales.

3.- Modificar el sistema de regularización contemplado en la Ley de Extranjería.

4.- Desarrollar y fortalecer las formas imaginativas que ya existen para la formación no reglada y para la inserción laboral a través de las prácticas.

5.- Favorecer la presencia de migrantes en colegios concertados.

6.- Modificar la política de asilo.

7.- Favorecer el acompañamiento para mejorar la empleabilidad.

8.- Modificar la política con los MENAS: con una mayor distribución geográfica, con una atención a necesidades reales, especialmente la empleabilidad.

9.- Favorecer una integración basada en la educación, especialmente en la segunda generación.

10.- Agilizar los procesos de contratación cuando hay ofertas.

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  372 votos
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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

Esperando el #Me Too del islam

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 335 comentarios valoración: 2  4094 votos

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