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30 MARZO 2020
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Libros para el confinamiento

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
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En este periodo en casa, en el que vivimos saturados por un exceso de información, la lectura puede ser un instrumento, no de evasión sino de pararse a comprender mejor ciertos acontecimientos que el “ruido” del día a día no nos permite discernir. Aquí elaboramos un listado de libros que pueden ayudar al lector, según sus inquietudes, a profundizar en algunos aspectos que hemos discutido en páginasDigital.es en los últimos tiempos.

“El golpe posmoderno” de Daniel Gascón (Ed. Debate)

El articulista de El País ha escrito este libro fundamental para entender el procés gracias al recorrido que hace el autor desde los años del pujolismo, pasando por el 11-M, que modela al nacionalismo catalán, hasta el 1-O. Para Gascón el discurso identitario acaba por negar lo que tenemos en común: la idea de que nuestras experiencias son comunicables, de que podemos entender la alegría o el dolor de los demás. El articulista nos aclara algunas importantes lecciones que deberíamos tener en cuenta para afrontar el desafío catalán como que es más eficaz la violencia administrativa que la violencia física.

“Vida líquida” de Zygmunt Bauman (Ed. Austral)

El sociólogo que acuñó la famosa expresión de “vida líquida” como descripción del modo de vivir de nuestras sociedades modernas. Característica de esta sociedad es la velocidad. “La velocidad, y no la duración, es lo que importa. A la velocidad correcta, es posible consumir toda la eternidad dentro del presente continuo de la vida terrenal” y también el consumismo. “Una economía de consumo debe ser también una economía de objetos que envejecen con rapidez, así como de exceso y de despilfarro”.

“El islam en Europa: ¿una religión más o una cultura diferente?” (Ed. Foro Complutense)

Olivier Roy, en este pequeño libro, analiza el fenómeno del islam en Europa y sus desafíos frente a la globalización. Porque los fundamentalismos son una respuesta al fenómeno de la globalización según el autor. Roy habla de una crisis cultural donde muchos son extranjeros en ambas culturas. ¿Se puede compartir una misma cultura sin compartir una misma fe? Este es el gran desafío porque es lo que está en crisis hoy según Roy.

“¿Postcristianismo? El malestar y las esperanzas de Occidente” de Angelo Scola (Ed. Encuentro)

El cardenal analiza los desafíos del cristianismo frente a la modernidad. Describiendo el momento actual con la metáfora de dolores de parto y transición. Al cristiano le exhorta a que “si no sabe dialogar adecuadamente y teme asistir a la escuela de preguntas del hombre para acogerlas y abrirlas de par en par, está destinado a ser un postcristianismo, una especie de anestesia demasiado débil y, a estas alturas, inútil a la hora de afrontar los dolores de parto”. ¿Cómo es posible la convivencia en una sociedad plural? La relación con el islam, la gratuidad también en la economía, la ecología… son algunos de los desafíos con los el cardenal se confronta en un libro esencial para entender los desafíos que plantea la modernidad al cristianismo.

“Por Europa” de Robert Schuman (Ed. Encuentro)

Después de la II Guerra Mundial un clamor sacudía Europa: ¡Nunca más la guerra! ¿Cómo hemos podido vivir en nuestro continente, con la excepción de la Guerra de los Balcanes, un periodo de paz nunca visto antes? Uno de los padres de Europa, Robert Schuman, fue uno de los protagonistas de la creación de la Comunidad del Acero y el Carbón, germen de la actual Unión Europea. “La mejor garantía para la nación no reside ya en su espléndido aislamiento, ni en su propia fuerza, sino en la solidaridad de las naciones que están guiadas por un mismo espíritu y que aceptan las tareas comunes en un interés común”. Un libro que, leído con honestidad, haría recapacitar a los brexiters.

“Mirando atrás” de Teo Uriarte (Ediciones B)

Eduardo “Teo” Uriarte fue miembro de ETA en los años 70 y fue uno de los protagonistas del “proceso de Burgos”. Posteriormente, con la amnistía del 77 sale de la cárcel e inicia un proceso de alejamiento de la banda terrorista que le llevará en los años noventa a militar activamente en el PSE y a estar bajo la amenaza de la banda armada. En estas memorias describe sus inicios en la ETA, su paso por Euskadiko Ezkerra, los “años de plomo” en la lucha contra el terrorismo… y, por supuesto, su amistad con Mario Onaindia. Una obra que hará vibrar al lector con la pasión, sentido del humor y humanidad del autor protagonista en primera persona de algunos de los acontecimientos más significativos de la segunda mitad del siglo pasado de nuestra historia. Un libro fundamental para entender el “Proceso de Burgos”, el torpe tratamiento del régimen de Franco frente al nuevo fenómeno terrorista y también los “años de vergüenza” con Zapatero. Para Eduardo Uriarte (en el libro nos explica por qué el apelativo de Teo, pero a él le gusta que le llamen por su nombre, Eduardo) la “democracia no es un producto que nos llevamos a casa de la estantería de un supermercado. Exige su ejercicio y su defensa, incluso virtud y valor en muchos casos, y si nos olvidamos de eso acabaremos pidiendo a gritos otro dictador”.

“España Inteligible” de Julián Marías (Alianza Editorial)

El filósofo hace inteligible la historia desde su inteligencia, agudeza y conocimiento. Sus páginas sobre la reconquista y la formación de la nación española son bellísimas. Una de las tesis más provocadoras es la que afirma el autor al decir que España es la nación más europea. “Los países europeos lo son porque ¿qué van a ser? […] España es europea porque lo ha querido, cuando parecía inexistente, cuando la empresa de restablecer la España perdida no tenía ni la menor probabilidad de conseguirse”. Así la Reconquista frente a la invasión musulmana, que tiene éxito militarmente, sin embargo, según Marías “es el motor organizador de la España que se interpreta y afirma como cristiana, que enlaza con el reino visigodo y pretende resucitarlo, aunque en realidad va a crear algo bien distinto […] En torno a ella se van a ir gestando una nueva forma de vivir, un proyecto que hubiera sido calificado como quimérico, una voluntad férrea de ser cristianos, y esto quería decir ser europeos, occidentales”.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2992 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 340 comentarios valoración: 2  4096 votos

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