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25 MAYO 2020
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>Entrevista a Mikel Buesa

"El gobierno ha mostrado una notable incompetencia en la gestión de la pandemia"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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El catedrático de Economía Aplicada analiza la gestión del Gobierno y los desafíos económicos que ha supuesto la pandemia.

¿Qué valoración le merece la gestión del gobierno frente a la pandemia?

Valoro muy negativamente la gestión de esta epidemia por parte del gobierno de Sánchez. Primero, porque las decisiones para adoptar medidas frente a ella fueron muy tardías, seguramente porque el gobierno tenía otros objetivos políticos de muy corto plazo que interferían en ello, como la celebración del Día de la Mujer. El gobierno no comprendió la dinámica explosiva del COVID-19 y no tomó medidas de distanciamiento social más que cuando la situación estaba fuera de control. Ello hizo inevitable el confinamiento. Segundo, porque durante el confinamiento ha mostrado una notable incompetencia en cuanto a la gestión de suministros, a la protección de los médicos y sanitarios, a la situación de las residencias de ancianos, etc. Además, no es descartable que ello guarde relación con posibles casos de corrupción que podrán desvelarse cuando se investigue la gestión de compras. Tercero, porque todo ello ha estado trufado de mensajes contradictorios en cuanto a la protección individual de los ciudadanos (el uso de mascarillas, por ejemplo), cuando no de mentiras difundidas sin el menor rubor. Cuarto, porque no se ha preparado suficientemente a la población para el proceso de vuelta a la normalidad, ni se han hecho todas las reformas organizativas que puedan garantizar un manejo convencional de la epidemia con los procedimientos habituales de la gestión de la salud pública (por ejemplo, el reforzamiento de los servicios de atención primaria, la ampliación de la plantilla de médicos epidemiólogos, la disponibilidad de test PCR para la detección y aislamiento de contagiados). Y quinto, porque la información sobre el curso de la epidemia ha sido deficiente, sujeta a cambios metodológicos no justificados y tendentes a la ocultación de datos, especialmente en los casos de los sanitarios contagiados y, mucho más importantemente, de las personas fallecidas.

“El mal menor es dejar a Sánchez con sus poderes excepcionales, aunque vigilando estrechamente sus actuaciones”

¿Ve necesario continuar con el estado de alarma? ¿Cree que es adecuada la postura del PP a la hora de abstenerse para prorrogarla?

El estado de alarma constituye una previsión constitucional para afrontar situaciones excepcionales, entre ellas las epidemias, reforzando el poder del gobierno, aunque con dos limitaciones que la Constitución deja muy claras: una, que los derechos fundamentales no pueden ser suspendidos, aunque sí limitados en función de las circunstancias que concurran en los individuos, lo que excluye cualquier actuación gubernamental de carácter general o indiscriminado que atenace esos derechos; y la otra, que la actuación del gobierno debe estar controlada o vigilada por el Congreso de los Diputados. Ninguna de estas dos condiciones ha sido respetada. El Congreso ha estado, de hecho, suspendido durante gran parte del estado de alarma y aún hoy no trabaja a pleno rendimiento. Y los derechos individuales han sido claramente cercenados, estableciéndose así una situación práctica que corresponde a los estados de excepción que la Constitución regula. Digo más, durante el estado de alarma se han conculcado derechos, como el de libertad de empresa y el de negociación colectiva, que la Constitución no autoriza a limitar bajo ninguna circunstancia. La Constitución tasa claramente los derechos que, en los casos de estado de excepción o de sitio, pueden ser suspendidos; y en la nómina que se enumera en el artículo 55 no están todos los que el propio texto reconoce a los españoles.

En estas circunstancias, dada la negligente actuación del gobierno, creo preferible, para preservar las libertades y el Estado de Derecho, no prorrogar el estado de alarma. Sin embargo, es cierto que, con las leyes ordinarias sobre sanidad y salud pública, las posibilidades de actuación del gobierno para conducir la epidemia hacia su extinción, son limitadas; más aún, con un gobierno de incompetentes como es el de Sánchez. Por ello, pensando en la seguridad y salud de los españoles, creo que hay que optar por el mal menor de dejar a Sánchez con sus poderes excepcionales, aunque vigilando estrechamente sus actuaciones. En este sentido, la decisión del PP al abstenerse en la prórroga es correcta aunque poco aseada. Casado debería estar más atento para llevar al Congreso las múltiples transgresiones de los derechos constitucionales cometidas por Sánchez.

“No tenemos precedentes que puedan orientarnos y vamos dando palos de ciego”

Tendremos que afrontar una nueva crisis económica. ¿Qué diferencias y similitudes ven con la de 2007? ¿Es esta simplemente una crisis de oferta y demanda?

La naturaleza de la crisis económica que ya se ha desatado no tiene precedentes. Hay que comprender que las grandes epidemias matan a la gente, pero no afectan a las cosas. Por ello, a lo largo de la historia, las crisis post-epidémicas se han caracterizado por una reducción drástica del factor trabajo disponible (al morir las personas) mientras el capital (que tenemos que concebir no como dinero, sino como una suma de cosas materiales: tierras, máquinas, edificaciones, utensilios, instalaciones, medios de transporte) permanecía incólume. Por ello, en esas crisis, el factor trabajo se revaloriza (los salarios aumentan) hasta que, a través de la natalidad, se restablece el elenco de trabajadores; y mientras tanto, hay un exceso de capital, queda capital ocioso y, en consecuencia, se reduce su retribución a largo plazo. Las crisis post-epidémicas han durado siempre décadas y, como consecuencia de lo anterior, han conducido a intensos procesos de redistribución de la renta.

Pues bien, para la crisis post-epidémica a la que ahora nos enfrentamos esos precedentes no sirven para orientarnos. Por primera vez en la historia los gobiernos han tenido la posibilidad, y así lo han decidido, de evitar que la epidemia se salde con una mortandad extrema. En la última gran epidemia anterior a la actual, la gripe española de 1918, murieron entre 50 y 100 millones de personas; o sea, entre tres y cinco de cada cien habitantes de la tierra. Si llevamos esa proporción a la población actual, estaríamos hablando de entre 231 y 385 millones de muertos frente a los cerca de 300.000 actualmente contabilizados. No se va a diezmar la población y, por tanto, la oferta de trabajo va a quedar prácticamente inalterada. Pero buena parte de los trabajadores quedan ociosos porque, para salvar vidas, ha sido necesario reducir de manera importante la actividad económica. Y lo mismo ocurre con el capital. La crisis actual se gesta porque trabajo y capital quedan ociosos y ello hace que haya insuficiencia de demanda, inadaptación de la oferta, extraordinario aumento del gasto público y mecanismos relativamente torpes de sostenimiento de la liquidez que amenazan con generar problemas de suspensión de pagos y quiebras; es decir, que las insuficiencias de la liquidez se traduzcan en insolvencias generalizadas. Este es el diagnóstico. Pero salir de esta situación no es nada fácil. No tiene precedentes que puedan orientarnos y vamos dando palos de ciego. No tengo dudas, por eso, acerca de que la crisis va a ser muy duradera y se va a extender seguramente sobre toda la década.

¿Qué medidas económicas por parte del gobierno podrían aliviar el desafío que tendremos que afrontar?

Las medidas económicas son las que ya están: protección de los desempleados, suspensión temporal de las relaciones de trabajo, rebajas temporales o aplazamientos de impuestos, garantía estatal de créditos, etc. El problema español, desde mi punto de vista es doble: primero, tenemos un gobierno poco avezado en el manejo de la política económica y de la gestión de la Administración que, además, sufre pulsiones revolucionarias muy inconvenientes en una situación como la actual; y segundo, España es, dentro de Europa, uno de los países cuyo esfuerzo financiero público para afrontar la crisis es más reducido, lo que tiene que ver con el lamentable estado de nuestras finanzas públicas. Solucionar ambos problemas sería necesario. Pero resulta complicado.

“El problema de la renta mínima vital es que se convierta en un desincentivo al trabajo”

Una renta mínima vital puede ser necesaria para ayudar a personas que han perdido sus empleos pero ¿cómo conjugar la justa ayuda a personas que lo necesitan con no generar sujetos dependientes del Estado?

Veo bien el proyecto del gobierno que hemos conocido estos días. Pero no tengo confianza en que su gestión sea la necesaria para evitar que la renta mínima vital se convierta en un poderoso desincentivo al trabajo o, peor aún, en el fundamento de un sistema clientelar de atracción de votos.

En las circunstancias actuales ha irrumpido con fuerza el teletrabajo. ¿Qué consecuencias puede tener tanto en la economía doméstica como en la de las empresas?

El teletrabajo ha llegado para quedarse. Tendrá que ser regulado para que los trabajadores sujetos a él no sean objeto de abusos en cuanto a la duración de la jornada de trabajo o a la retribución de horas extraordinarias, así como al reconocimiento por las empresas de los costes asumidos por los empleados (instalaciones domésticas dedicadas al trabajo, equipamientos, sistemas de comunicación, servicios de asistencia). Desde la perspectiva doméstica, el teletrabajo, si no hay abusos, puede ser un instrumento de conciliación de la vida laboral y la familiar.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3071 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 431 comentarios valoración: 2  4174 votos

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