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29 MAYO 2020
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¿Condenados a la polarización?

Javier Folgado | 0 comentarios valoración: 1  18 votos
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A la ya habitual polarización de la vida política en España se ha venido a sumar la crisis por el COVID-19. Teniendo en cuenta la crisis económica que ya está entre nosotros no parece que vayamos camino de calmar los ánimos. En las conversaciones en los chats o en los titulares de periódicos se acusa de todos los males a políticos de un signo u otro; quizá no acabamos de ser conscientes del todo de nuestra fragilidad a pesar del “bofetón” de realismo que ha supuesto esta pandemia. Pero creo que es necesario hacer una puntualización.

Una cosa es la justa crítica cuando se considera que la gestión no ha sido la adecuada y otra cosa es la sospecha o la acusación de que al adversario político las víctimas, tanto las que han fallecido a causa de la enfermedad o la están padeciendo como a las víctimas económicas, le resultan indiferentes.

Se puede considerar nefasta la gestión del gobierno de Sánchez, de hecho a mi juicio ha resultado bastante incompetente, pero si partimos de la hipótesis de que al adversario político no le preocupa la vida de las personas entonces es imposible construir una vida en común. Lo mismo podríamos decir si el gobierno estuviera ocupado por la derecha como en el caso de la Comunidad de Madrid. ¿Acaso un político del PSOE o del PP o del partido que sea no tiene padres ancianos objeto de sus desvelos? ¿No tendrán también hijos jóvenes que han perdido su trabajo? Quizá de un modo equivocado, pero ¿no buscarán el bien común?

Introducir la sospecha de que ser de unas determinadas siglas políticas implica que no eres sensible a los enfermos, a los trabajadores, a los empresarios… envenena nuestra vida pública. Cuando un partido o dirigente busca sembrar la semilla de la discordia y eludir el debate sereno no ayuda a construir el bien común. Lo hacen todos los partidos… aunque algunos más que otros. O mejor, algunos dirigentes más que otros.

Seguramente un lector avezado podría objetar que en muchas ocasiones los políticos solo buscan su propio interés e incluso en los casos más graves se dan casos de corrupción (no es un problema exclusivo de la política). Efectivamente esto ocurre y en exceso, desgraciadamente. Pero si esto es así es porque la persona, con su libertad, ha decidido actuar de este modo, no es por su pertenencia a un partido u otro. La realidad ha mostrado que la corrupción no es patrimonio de ningún partido político sino más bien es directamente proporcional al poder que se tiene.

Los simpatizantes o afiliados o votantes también tenemos nuestra parte de corresponsabilidad al seguir como forofos, y no con espíritu crítico, las consignas de nuestro partido “favorito” o las consignas de nuestra cabecera periodística favorita.

En uno de esos múltiples chats que se dan estos días participaba en una conversación que se calentaba en la crítica al gobierno de Sánchez y yo introduje una puntualización sobre el número de víctimas en España diciendo que no solamente dependía de la gestión del gobierno de turno (que obviamente es un factor) sino que podría haber también otros factores. Las investigaciones científicas tendrán que decir si puede haber algún tipo de predisposición genética para padecer la infección vírica, no sabemos si el virus puede sufrir mutaciones que quizá puedan haberlo hecho aún más virulento, poblaciones envejecidas… En seguida, cayeron sobre mí críticas por mi “defensa de Sánchez”… al que jamás quise defender, simplemente quería matizar que no todo es negro o blanco.

¿Estamos condenados a la permanente confrontación? Todo es un dilema en el que necesariamente hay que elegir entre una de dos partes. Llámese público o privado, trabajador o empresario, ricos o pobres… ¿No es más razonable buscar una síntesis que pueda abarcar lo más verdadero de cada sensibilidad? Evidentemente también es más costoso por la energía que esto implica.

Llevamos demasiados muertos, tenemos una crisis económica que afrontar… no estamos para discursos ideológicos vacíos, para enardecer a la parroquia de cada partido, necesitamos políticas concretas que busquen el bien de la persona. Caminando juntos nos podemos encontrar a inesperados compañeros de camino como cuando Rita Maestre y el alcalde de Madrid Martínez-Almeida se reconocían con una preocupación común ante esta crisis por muy distanciados ideológicamente pudieran encontrarse.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3077 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 432 comentarios valoración: 2  4180 votos

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