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10 JULIO 2020
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Laudato Si', una encíclica para mirar al futuro después de la pandemia

Andrea Tornielli | 0 comentarios valoración: 2  27 votos
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Recordar los cinco años de la Laudato Si’ no supone una celebración ritual. La semana y luego el año dedicado a esta encíclica representan una suerte de comprobación para recoger iniciativas, ideas, experiencias, buenas prácticas. Son un modelo para compartir lo que ese documento puso en marcha en comunidades, territorios, en todo el mundo. Y para reflexionar sobre su actividad en el momento actual, cuando el mundo entero lucha contra la pandemia del Covid-19.

Uno de los méritos de este largo texto papal, que parte de los fundamentos de la relación entre las criaturas y el Creador, es haber dado a entender que todo está conectado. No existe una cuestión ambiental separada de la social y los cambios climáticos, las migraciones, las guerras, la pobreza y el subdesarrollo son manifestaciones de una única crisis que antes que ecológica es, desde su raíz, una crisis ética, cultural y espiritual. Se trata de una mirada profundamente realista. Laudato Si’ no nace de nostalgias de tiempos pasados para retrasar el reloj de la historia y devolvernos a formas de vida preindustriales sino que identifica y describe procesos de autodestrucción debidos a la búsqueda del beneficio inmediato, de la divinización del mercado. La raíz del problema ecológico, según el papa Francisco, está justamente en el hecho de que “hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla”.

Partir de la realidad significa medirse con la objetividad de la condición humana, empezando por el reconocimiento de la limitación del mundo y de sus recursos. Significa estar lejos de la ciega confianza que representa el “paradigma tecnocrático” que, afirma el Papa siguiendo las huellas de Romano Guardini, “ha terminado colocando la razón técnica sobre la realidad, porque este ser humano ni siente la naturaleza como norma válida, ni menos aún como refugio viviente”. La intervención del hombre sobre la naturaleza, seguimos leyendo en la encíclica, “siempre ha acontecido, pero durante mucho tiempo tuvo la característica de acompañar, de plegarse a las posibilidades que ofrecen las cosas mismas. Se trataba de recibir lo que la realidad natural de suyo permite, como tendiendo la mano. En cambio ahora lo que interesa es extraer todo lo posible de las cosas por la imposición de la mano humana, que tiende a ignorar u olvidar la realidad misma de lo que tiene delante”. Por eso “ha llegado el momento de volver a prestar atención a la realidad con los límites que ella impone, que a su vez son la posibilidad de un desarrollo humano y social más sano y fecundo”.

La crisis que estamos viviendo a causa de la pandemia ha hecho todo eso aún más evidente. “Hemos avanzado rápidamente –decía el Papa el pasado 27 de marzo durante la Statio Orbis–, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”. Durante ese intenso momento de oración para invocar el fin de una pandemia que nos ha hecho descubrirnos a todos más frágiles e indefensos, Francisco ha recordado que estamos llamados “a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección… el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. Laudato Si’ nos lleva a repensar una sociedad donde se defienda la vida humana, especialmente la de los más débiles, donde todos tengan acceso a los cuidados, donde no haya personas descartadas y la naturaleza no sea explotada indiscriminadamente sino cultivada y custodiada para los que vengan después de nosotros.

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