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28 SEPTIEMBRE 2020
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Experiencias positivas, no postulados

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  35 votos
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“No puedo respirar”. Antes de que George Floyd fuera asfixiado en Minneapolis, la misma violencia homicida había provocado miles de víctimas. ¿Por qué ahora las protestas contra el racismo han prendido con más fuerza? ¿Por qué reclaman con justicia una igualdad para los negros y descabezan estatuas con odio hacia el pasado? Porque las cosas han ido demasiado lejos, porque el movimiento Black Lives Matter lleva años organizándose, porque la ceguera de Trump ha complicado todo. Y quizás porque esas tres palabras, “no puedo respirar”, expresan un desencanto, una sensación de angustia, de miedo que va más allá de la lucha en favor de los negros. No puedo respirar con la mascarilla, no puedo respirar metido en casa, no puedo respirar porque he tenido que cerrar mi negocio, no puedo respirar porque no tengo respuestas y compañía para afrontar la muerte y la enfermedad. Las protestas en Estados Unidos, uno de los países occidentales que más sufre los efectos del COVID, pueden ser el primer estallido del malestar que recorre el planeta. El virus que surgió en China (por más que nos digan que ahora ha vuelto con el salmón europeo) estaría manifestándose en Estados Unidos.

El fastidio, las protestas, el desapego hacia las instituciones pueden ir a más. Al menos eso es lo que denunció Merkel la semana pasada, en el discurso con motivo de la presidencia de la UE por Alemania. La canciller, pensando en lo que sucede en su país y en el resto del mundo, alertó de la presencia de fuerzas antidemocráticas, radicales y autoritarias, dispuestas a aprovechar la crisis del COVID. Revindicó la voz de Europa para proteger la dignidad del hombre, la democracia y la libertad. A pesar de todos sus errores, la alemana, que ya está de salida, es lo más parecido a un líder con visión que hayamos tenido en mucho tiempo.

El malestar es alto en España y en Italia, ahora que han desaparecido las medidas excepcionales y se hace balance. La encuesta de Kantar para el Parlamento Europeo refleja que el 63% de los españoles rechaza la gestión de su Gobierno. En Italia el rechazo es del 43%. Pero los italianos están al frente del rechazo de la Unión Europea, por encima de España. Solo un16% de los italianos y solo un 19% de los españoles están satisfechos de la actuación de la UE, algo novedoso en uno de los países más europeístas. El enfado y el fastidio no es solo con las instituciones. Otras encuestas (GAD 3) reflejan cómo el número de españoles que se han sentido tristes ha ido aumentado, ya son más de la mitad. Lo mismo que el número de españoles que se han sentido deprimidos, más de un tercio. El estado de ánimo empeorará porque, como dice el BCE, lo peor está por llegar: el otoño será muy duro.

Una situación hace saltar por los aires todos los postulados políticos, sociales y económicos vigentes hasta el momento. Tras la crisis de 2008 tuvimos que olvidarnos de las fórmulas de los años 90 del pasado siglo: entonces, en nombre de la subsidiariedad (principio válido que da protagonismo a la iniciativa social y a la iniciativa privada) era normal criticar el estatalismo. Ahora es necesario repensarlo todo. No valen las recetas aprendidas, ni las viejas doctrinas. El protagonismo social no puede ser un principio que se repita de forma abstracta. Si existe, y sabemos que existe, debe ser descubierto, apoyado.

Los ejemplos de quienes están cambiado su estructura mental se multiplican. Kristalina Georgieva, la gerente del FMI, el organismo que siempre ha defendido la austeridad, nos sorprendía hace unos días. “Mi mensaje es: gastar, gastar, gastar. Por favor, tanto como sea posible, tengan en cuenta que no podemos sobrevivir sin crecimiento o esfuerzo”, señalaba. Luego, cuando sean posibles, llegarán los ajustes. Los empresarios españoles, tan temerosos y tan reacios a un Gobierno de coalición entre socialistas y radicales de Podemos, han dejado de lado las críticas para pedir pactos a todos los partidos.

La atención a la necesidad concreta (más que las estructuras ideológicas) y el subrayado y la atención a las respuestas positivas que funcionan o han funcionado es lo que sirve. Tanto en lo macro como en lo micro. La política monetaria expansiva del BCE ha frenado una crisis de deuda: es necesario que no se suspenda. La energía social se ha expresado en mil iniciativas del Tercer Sector: es necesario que se apoyen.

La rabia, el malestar, antes de la pandemia ya existían. Ya teníamos soberanismo, populismos, el Reino Unido ya había votado a favor del Brexit, Estados Unidos ya tenía un presidente proteccionista. Ahora, como dice Martin Wolf, el editorialista de Financial Times, por eso, “necesitamos una respuesta ambiciosa y común”.

Y aunque los españoles y los italianos estemos enfadados con la UE, tenemos que reconocer que el Fondo de Reconstrucción parte de la necesidad y formula soluciones muy concretas. Por eso es una revolución. Quedan por concretar los detalles. Los países frugales, con Holanda a la cabeza, intentarán aumentar el control de las ayudas. Pero el solo hecho de que exista un Fondo de Reconstrucción de 750.000 millones de euros (en gran parte para España e Italia) es un gran paso adelante. Tendremos una política común social y de crecimiento, algo siempre defendido por el sur, en contra de los frugales. Tendremos ayudas que no van a dividirse según el peso de los miembros de la UE, sino de cómo ha golpeado la pandemia. Respuestas comunes, no basadas en postulados y principios que ya no rigen, apoyadas en experiencias positivas.

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