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10 JULIO 2020
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Experiencias positivas, no postulados

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  30 votos
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“No puedo respirar”. Antes de que George Floyd fuera asfixiado en Minneapolis, la misma violencia homicida había provocado miles de víctimas. ¿Por qué ahora las protestas contra el racismo han prendido con más fuerza? ¿Por qué reclaman con justicia una igualdad para los negros y descabezan estatuas con odio hacia el pasado? Porque las cosas han ido demasiado lejos, porque el movimiento Black Lives Matter lleva años organizándose, porque la ceguera de Trump ha complicado todo. Y quizás porque esas tres palabras, “no puedo respirar”, expresan un desencanto, una sensación de angustia, de miedo que va más allá de la lucha en favor de los negros. No puedo respirar con la mascarilla, no puedo respirar metido en casa, no puedo respirar porque he tenido que cerrar mi negocio, no puedo respirar porque no tengo respuestas y compañía para afrontar la muerte y la enfermedad. Las protestas en Estados Unidos, uno de los países occidentales que más sufre los efectos del COVID, pueden ser el primer estallido del malestar que recorre el planeta. El virus que surgió en China (por más que nos digan que ahora ha vuelto con el salmón europeo) estaría manifestándose en Estados Unidos.

El fastidio, las protestas, el desapego hacia las instituciones pueden ir a más. Al menos eso es lo que denunció Merkel la semana pasada, en el discurso con motivo de la presidencia de la UE por Alemania. La canciller, pensando en lo que sucede en su país y en el resto del mundo, alertó de la presencia de fuerzas antidemocráticas, radicales y autoritarias, dispuestas a aprovechar la crisis del COVID. Revindicó la voz de Europa para proteger la dignidad del hombre, la democracia y la libertad. A pesar de todos sus errores, la alemana, que ya está de salida, es lo más parecido a un líder con visión que hayamos tenido en mucho tiempo.

El malestar es alto en España y en Italia, ahora que han desaparecido las medidas excepcionales y se hace balance. La encuesta de Kantar para el Parlamento Europeo refleja que el 63% de los españoles rechaza la gestión de su Gobierno. En Italia el rechazo es del 43%. Pero los italianos están al frente del rechazo de la Unión Europea, por encima de España. Solo un16% de los italianos y solo un 19% de los españoles están satisfechos de la actuación de la UE, algo novedoso en uno de los países más europeístas. El enfado y el fastidio no es solo con las instituciones. Otras encuestas (GAD 3) reflejan cómo el número de españoles que se han sentido tristes ha ido aumentado, ya son más de la mitad. Lo mismo que el número de españoles que se han sentido deprimidos, más de un tercio. El estado de ánimo empeorará porque, como dice el BCE, lo peor está por llegar: el otoño será muy duro.

Una situación hace saltar por los aires todos los postulados políticos, sociales y económicos vigentes hasta el momento. Tras la crisis de 2008 tuvimos que olvidarnos de las fórmulas de los años 90 del pasado siglo: entonces, en nombre de la subsidiariedad (principio válido que da protagonismo a la iniciativa social y a la iniciativa privada) era normal criticar el estatalismo. Ahora es necesario repensarlo todo. No valen las recetas aprendidas, ni las viejas doctrinas. El protagonismo social no puede ser un principio que se repita de forma abstracta. Si existe, y sabemos que existe, debe ser descubierto, apoyado.

Los ejemplos de quienes están cambiado su estructura mental se multiplican. Kristalina Georgieva, la gerente del FMI, el organismo que siempre ha defendido la austeridad, nos sorprendía hace unos días. “Mi mensaje es: gastar, gastar, gastar. Por favor, tanto como sea posible, tengan en cuenta que no podemos sobrevivir sin crecimiento o esfuerzo”, señalaba. Luego, cuando sean posibles, llegarán los ajustes. Los empresarios españoles, tan temerosos y tan reacios a un Gobierno de coalición entre socialistas y radicales de Podemos, han dejado de lado las críticas para pedir pactos a todos los partidos.

La atención a la necesidad concreta (más que las estructuras ideológicas) y el subrayado y la atención a las respuestas positivas que funcionan o han funcionado es lo que sirve. Tanto en lo macro como en lo micro. La política monetaria expansiva del BCE ha frenado una crisis de deuda: es necesario que no se suspenda. La energía social se ha expresado en mil iniciativas del Tercer Sector: es necesario que se apoyen.

La rabia, el malestar, antes de la pandemia ya existían. Ya teníamos soberanismo, populismos, el Reino Unido ya había votado a favor del Brexit, Estados Unidos ya tenía un presidente proteccionista. Ahora, como dice Martin Wolf, el editorialista de Financial Times, por eso, “necesitamos una respuesta ambiciosa y común”.

Y aunque los españoles y los italianos estemos enfadados con la UE, tenemos que reconocer que el Fondo de Reconstrucción parte de la necesidad y formula soluciones muy concretas. Por eso es una revolución. Quedan por concretar los detalles. Los países frugales, con Holanda a la cabeza, intentarán aumentar el control de las ayudas. Pero el solo hecho de que exista un Fondo de Reconstrucción de 750.000 millones de euros (en gran parte para España e Italia) es un gran paso adelante. Tendremos una política común social y de crecimiento, algo siempre defendido por el sur, en contra de los frugales. Tendremos ayudas que no van a dividirse según el peso de los miembros de la UE, sino de cómo ha golpeado la pandemia. Respuestas comunes, no basadas en postulados y principios que ya no rigen, apoyadas en experiencias positivas.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3146 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 527 comentarios valoración: 2  4251 votos

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