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10 JULIO 2020
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Con la excusa del Covid, Argentina expropia empresas

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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La semana pasada se celebró en Argentina el “día de la bandera”, que se festeja en la fecha de la muerte de su creador, el general Juan Manuel Belgrano. Pero este año las celebraciones han coincidido con la protesta general por ciertas decisiones del gobierno actual, cuyo presidente Alberto Fernández ya es considerado como mero secretario de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Aprovechando la emergencia sanitaria del Covid-19 (aunque su política ya era bastante clara antes, con decisiones que se mostraron totalmente opuestas a sus promesas electorales) y con un mensaje elaborado con la complicidad de su equipo médico (“o cuarentena o muerte”), se ha instaurado en Argentina un poder totalitario que responde a las lógicas del populismo más extremo, uno de los muchos hijos de la ideología de Rousseau, que al final solo parió dictaduras, “en nombre del pueblo”, se entiende…

De ahí la figura de un presidente que ya no tiene ningún freno lógico en su pensamiento (pues en cuestión de horas cambia de idea) y que sobre todo excluye al parlamento de sus decisiones, basadas en decretos de necesidad y urgencia que encajan perfectamente en el clima de pandemia mundial pero que en Argentina ya ha superado (con 27.476 contagiados, cifra afortunadamente baja) el récord mundial de cuarentena poco inteligente (más de cien días), que ha paralizado el país.

Hace unos días, tras una decisión sorprendente porque solo pocas horas antes, en un encuentro con una asociación de empresarios, había declarado todo lo contrario, Fernández anunció la expropiación de una de las empresas agrícolas históricas y más importantes del país, fundada hace noventa años por inmigrantes italianos, la Vicentin, con sede en la provincia de Santa Fe, empresa que tras entrar en una crisis financiera muy grave pidió un préstamo al Banco Nación que no ha podido devolver aún, lo que la ha llevado técnicamente a la quiebra.

Pero en estos casos suele intervenir un juez para someter a la empresa a una administración controlada para proceder a su venta. Al menos, se hace así en las repúblicas con estado de derecho de facto. Pero en el virreinato argentino, desde hace al menos cuatro décadas es el presidente, violando todas las leyes de Estado, quien organiza una rueda de prensa para anunciar, en un perfecto estilo chavista, la expropiación como acto de salvaguarda de la soberanía alimentaria del país. Es algo así como si un emirato árabe decidiera expropiar una empresa petrolífera para protegerse del peligro de falta de mercado de crudo. Hay que recordar que Argentina es una de las potencias agrícolas mundiales y sus productos básicos permiten alimentar a 450 millones de personas, pero en breve alcanzará el 60% de pobreza, aunque ese es otro tema.

Además, hay que añadir que el 98% de la producción de Vicentin consiste en harina de soja para alimentar pollos y cerdos en China, solo el 1% se dedica al grano y aquí ya se roza el absurdo. Pero si tenemos en cuenta la situación en su conjunto, veremos que Vicentin es titular de bases portuarias en Rosario, ciudad a orillas del río Paraná, cuyas conexiones fluviales son de extrema importancia estratégica, hasta el punto de que se convirtió hace casi veinte años en una de las capitales del tráfico de drogas.

Pero la tendencia totalitaria no solo ha provocado protestas en el importantísimo sector agrícola sino también a nivel nacional, pues a pocos días de este abuso la compañía aérea Latam (una sociedad mixta, chilena y brasileña) anunció que abandonaba Argentina porque ya no logra sobrevivir en un mercado donde lleva años sufriendo una guerra por parte de movimientos políticos ultrakirchneristas y sindicatos (que controlan Aerolíneas Argentinas, en manos del Estado), que con sus acciones unilaterales están eliminando del mercado aéreo, ya duramente sacudido por el Covid-19 (lo que explica por qué los cielos argentinos cerraron hasta septiembre aduciendo lábiles razones sanitarias), a todo el sector low cost para crear un monopolio.

Lo que ya, más que una sensación, se ha transformado en una realidad es que con este paso la iniciativa privada se convertirá en un recuerdo. A pesar de una oposición al gobierno con las manos atadas por el cierre de actividad en las cámaras, la gente ha entendido perfectamente el estribillo y se niega en banda a que este país tan rico acabe como Venezuela. Por eso, en plena cuarentena, la histórica cita del día de la bandera se ha convertido en una protesta masiva que ha llegado a todo el país.

La respuesta del presidente no se ha hecho esperar, asegurando que se trata de ciudadanos confusos. En cambio, las ideas están muy claras y la población (al menos gran parte de ella) ya no puede más con un gobierno manejado por una vicepresidenta de mentalidad totalitaria con 15 procesos abiertos por diversos delitos. Y la guinda del pastel, el procurador general del Tesoro, Carlos Zannini, también con varios procesos abiertos por traición a la patria y brazo derecho de Cristina Kirchner, ha decidido conceder una pensión faraónica al que fuera vicepresidente durante el mandado de Kirchner, Amado Bodou. Actualmente está bajo arresto domiciliario, excarcelado por la pandemia, por una condena de dos años por la expropiación de la empresa tipográfica Ciccone, dedicada a la impresión de billetes.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3146 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 527 comentarios valoración: 2  4251 votos

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