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10 JULIO 2020
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George Floyd, el grito de la América profunda

Giorgio Vittadini | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Una América que parece incapaz de encontrarse a sí misma se está mostrando ante el mundo entero. El sueño americano, que siempre ha servido de vínculo de unión en una sociedad tan plural y basada en una meritocracia exasperada, hoy está en una profunda crisis. La carta de un joven de Miami, Joe, a un amigo suyo, puede ayudar a entender algo más de lo que está pasando tras las protestas que se están sucediendo:

“Querido Enrico, probablemente debería empezar diciendo cuánto te agradezco que me hayas pedido que te cuente algo, a pesar de mis reticencias, pues tampoco sé muy bien cómo mirar a muchos de los que me rodean, pero estos hechos y las reacciones que han surgido me han entristecido profundamente. Dicho esto, intentaré describir lo  mejor posible lo que está pasando y tal vez eso pueda ayudarnos a entender.

Estas protestas y revueltas se están produciendo como un grito contra el racismo y la discriminación provocada por el brutal asesinato de George Floyd, condenado casi universalmente tanto por los civiles de todas las razas como por las propias fuerzas del orden. Para nadie es un secreto que el racismo sigue existiendo en América, igual que en otras partes del mundo, pero la falta de humanidad en la muerte de este hombre ha llevado a mucha gente a interrogarse profundamente.

Honestamente, si no hubiera sido por el Covid–19, no estoy totalmente convencido de que las cosas hubieran llegado a este nivel. Las circunstancias son ‘idóneas’: un hombre de color detenido y asesinado por un oficial blanco, todo filmado, la gente tenía más tiempo del que normalmente habría tenido y ya estaba bastante frustrada por el confinamiento. Pero todo eso no lo puede explicar todo. Hay un factor más que percibo en todo esto. En las últimas semanas, con innumerables entrevistas y artículos, todo ha salido a la luz: el miedo de mucha gente (sobre todo ancianos) a que las cosas no cambien, el asesinato y la idealización de George Floyd, la llamada a las armas para defender o condenar, y concretamente los auténticos gritos de dolor y sufrimiento de la gente de la comunidad negra. En muchas de esas entrevistas he percibido que la verdad de la experiencia del dolor y el sufrimiento que muchas de estas personas han vivido es innegable y muy difícil de mirar. Es la manera en que se presta atención a estas experiencias lo que me da esperanzas para un cambio positivo con todo lo que está pasando.

Existe una diferencia considerable en la manera en que mi generación se ha acercado al tema de la raza y la desigualdad en comparación a la gente de los años 60, y es la idea de qué es la justicia. Creo que mi generación piensa en la justicia como una forma de castigo, en vez de en un perdón o reconciliación, que es lo que siempre percibí de los años 60. Este deseo de castigo parece estar guiado por años de desconexión respecto a una auténtica experiencia humana, hecha de carne y hueso. Dependemos de una imagen de la vida fabricada online. Hay poco espacio para los matices en las redes sociales y entonces, naturalmente, todo se convierte en una alternativa binaria: o estás conmigo o estás contra mí. En un mundo en que la apariencia lo es todo, lo peor que te puede pasar es ser declarado un paria. Por eso evitas los matices y eliges solo una parte. Demasiadas veces, una perspectiva distinta se ve ahogada por un coro literalmente de ‘Fuck You’s’. Pero aquí, con George Floyd, ha pasado algo tan grande que ha penetrado en muchas personas distintas, hasta el punto de que muchos hayan deseado ir más allá del cinismo de cabecera o de pantalla del ordenador. Tú has mencionado la canción ‘América’ de los S&G y aquella breve discusión que tuvimos al respecto hace tiempo. El motivo por el que siempre he sentido (y sigo sintiendo) que esa canción describe perfectamente a muchos de mi generación es porque todos parecen querer participar de esta gran aventura prefabricada, buscando algo que todos te dicen que deberías desear. Sin embargo, la cuestión crucial está al final de la canción, cuando dice:

‘Kathy, me he perdido. Lo he dicho, aunque sabía que estaba durmiendo. Estoy vacío y dolorido, y no sé por qué. Iba contando coches por New Jersey Turnpike, todos iban en busca de América’.

Existe un miedo fundamental, el miedo a equivocarse, y te bloqueas tanto que ni siquiera puedes decírselo a la persona que tienes al lado, pero miras hacia fuera y ves que todos van siguiendo lo mismo. Los acontecimientos de estas últimas semanas han hecho parara mucha gente, y preguntarse: ‘espera, ¿qué es lo que de verdad queremos?’. Pero no creo que haya suficiente educación para sostener esa pregunta, que muchos han intentado responder igual que siempre, intentando seguir la corriente, como los coches de New Jersey Turnpike. Mi generación ha crecido sabiendo que podía conseguirlo todo pero no podía preguntar por qué. Muchos nos graduamos durante la Gran Recesión, crecimos durante las guerras de Afganistán e Iraq, viendo a muchos de esos veteranos ignorados por la patria, en un mundo gestionado por otros.

Ha crecido así una sensación de inutilidad y cinismo donde se hace muy poco frente a tantas injusticias, grandes y pequeñas. Sin embargo, en medio de todo eso, las necesidades del corazón no son capaces de quedar totalmente calladas. Hay momentos en que todos despiertan durante apenas un minuto porque las circunstancias hacen evidente la realidad. Por eso creo que el momento actual es de particular importancia. Da la sensación de que algo tiene que pasar. Pero existe el riesgo de que ahora, una vez que te han preguntado ‘¿qué quieres?’, no sepas responder realmente a esta pregunta.

Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, se pregunta en su último libro: ‘¿Qué nos arranca de la nada?’. Pues bien, creo que por primera vez en mucho tiempo, también para los de mi generación, la gente se está dando cuenta de que en realidad quieren Algo que yo sé que es Alguien. Pero sin ayuda para descubrir ese Algo o Alguien, esta esperanza se acabará desvaneciendo. Espero que eso no pase y espero que aprendamos qué significan realmente la justicia y la misericordia.

Tu hermano agradecido,

Joe”.

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