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14 AGOSTO 2020
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Llamados a responder

Compañía de las Obras | 0 comentarios valoración: 2  43 votos
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Las consecuencias de las medidas que ha sido necesario tomar para controlar la pandemia provocada por el Covid 19 están a la vista de todos. Ante esta situación, podemos estar desconcertados, desanimados y enfadados, incluso bloqueados. Sabemos que no podemos quedarnos así mucho tiempo. No nos gusta atascarnos en la queja, limitarnos a protegernos de los golpes. Tenemos un gran deseo de construir, de ser protagonistas de una vida que esté a la altura de los retos. ¿Qué nos puede ayudar? Encontrar a otras personas que ya estén respondiendo de un modo adecuado, participar de la vida que se genera en torno a ellas. Nada resulta hoy más necesario que atesorar la experiencia de relaciones positivas, en las que el compromiso auténtico con la vida y el propio trabajo permiten redescubrir la fuerza del bien y del diálogo.

Durante lo más duro de la pandemia hemos visto a personas para las que el miedo o las dudas sobre el futuro no tenían la última palabra. Esas personas nos ayudan a entender que los hechos implican una llamada (a ser creativos, a trabajar con otros, a repensar lo que dábamos por descontado, a conocernos mejor mientras hacemos). Si no se atiende esa llamada se crece menos como persona.

Algunos ejemplos de lo que hemos visto:

En el ámbito social

Las personas que llaman a las puertas de las ONG, junto con su necesidad de ayuda, traen preguntas, angustia e incertidumbre. Ante esta situación, el compromiso con los más vulnerables ha llevado a la ONG CESAL (www.cesal.org) a repartir cestas de alimentos a 500 familias en Madrid. Esta acción ha ido más allá de una ayuda asistencial. Ha implicado un acompañamiento, un seguimiento para darle a esas familias el impulso necesario que les permitiera salir de la precariedad. El reparto de menús para personas en situación de vulnerabilidad ha hecho surgir nuevas iniciativas que atendían a una necesidad de formación: cerca de 300 jóvenes en riesgo de exclusión han empezado a recibir cursos de ayudantes de cocina. Eso ha sido posible gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento de Madrid, algunas empresas y la propia ONG. Y ha permitido aprender cómo apoyarse en los otros para responder con rapidez, más eficazmente y con más inteligencia.

En Fuenlabrada (Madrid), los responsables de la Casa de San Antonio (www.casadesanantonio.es/es/), una asociación que trabaja con personas en riesgo de exclusión social, se han dado cuenta de que ayudas como el nuevo Ingreso Mínimo Vital son necesarias. Necesarias pero no suficientes. Resulta crucial que los beneficiarios salgan de la situación que lo justifica, y para lograrlo necesitan un entorno de gratuidad, donde se sientan queridos, valorados, afirmados y, al mismo tiempo, se les exija. El Ayuntamiento también lo tiene claro: esta asociación se ha convertido en un referente, el alcalde ha pasado varias horas en su sede rellenando cajas con alimentos.

En las empresas

La gerente de una empresa sufrió, como todos, el impacto del confinamiento y cerró. Los clientes seguían necesitando sus productos de óptica. Por eso desvió las llamadas a su móvil para atender las urgencias. Al principio sintió el fastidio provocado por un teléfono que sonaba a todas horas. “Ya les contestaré más tarde”, pensaba. Pero su marido le preguntó: “¿No es esta tu vocación?”. Y se puso en marcha. A los pocos días recibió la llamada de una trabajadora social desde la cárcel: un preso necesitaba lentillas y no tenía forma de obtenerlas, pues no había visitas. Se movió igual que si hubiera sido su mejor cliente.

Un empresario catalán del sector hostelero ha sufrido el golpe como todos pero, invitado por unos amigos, empleó su tiempo libre forzoso en conseguir y repartir ayudas básicas a familias necesitadas. Acabado el estado de alarma, ha retomado el proyecto que dejó a medias: está abriendo otra cafetería y ha generado varios puestos de trabajo.

La experiencia de positividad que han hecho ambos les ha permitido recuperar el ímpetu que los llevó a crear sus empresas. Ambos nos enseñan que la gratuidad es un motor.

Un fabricante de cosméticos en Madrid se preguntó cómo ayudar a proteger a sus clientes, los farmacéuticos. Ideó unas mamparas de separación, paró la actividad habitual de su empresa y la dedicó a este fin. Ha generado varios puestos de trabajo durante los meses del confinamiento y ha fortalecido la relación con sus clientes.

Confiar en la realidad, por dura que sea, y vivir atentos a las necesidades que surgen a nuestro alrededor son la clave para que, entre todos, podamos reconstruir el tejido económico y laboral en el mundo post-pandemia.

En el ámbito educativo

Con los centros educativos cerrados, ¿bastaba con utilizar los recursos en red para continuar el curso? Las familias nos han testimoniado que la presencia de los profesores es decisiva para que un chico desee implicarse. La educación nace de una relación humana, se genera porque hay adultos que miran y estiman la vida de otros, deseando verlos crecer a través de lo que enseñan.

Un grupo de colegios se ha ayudado para que la distancia no fuera un impedimento y para poder acompañar y guiar a sus alumnos en todo momento. Han seguido iniciativas que les han permitido continuar con su tarea. Los profesores no han renunciado a la relación educativa y han redescubierto su vocación.

También hacen propuestas, creen necesario favorecer la autonomía de los centros y dotarles de una mayor libertad, dotar a los profesores de los recursos necesarios para la enseñanza online, promover la cooperación territorial para evitar las desigualdades, atender a los alumnos con necesidades educativas especiales y combatir la brecha digital para que ninguna familia se quede atrás.

En el ámbito de las políticas económicas

Un grupo de amigos, directivos de empresa y profesionales, se ha preguntado con seriedad por qué en España nos enfrentamos a una crisis económica especialmente profunda, si son adecuadas las medidas que ha tomado el Gobierno para afrontar la situación, a qué responsabilidad personal y social les llamaba esta situación. Estas personas, al compartir durante las semanas de confinamiento estas y otras preguntas, se han dejado corregir, han profundizado sus intuiciones y se han ayudado a afrontar su trabajo concreto. Desde su experiencia, han visto la necesidad de que el Estado actúe en los límites de la subsidiariedad, involucrando a los sujetos sociales (familias, empresas, centros educativos de iniciativa social, ONG, asociaciones…); y que cada uno asuma su responsabilidad, por el bien de todos, en la construcción común.

Gracias a estas experiencias y a estas relaciones, en las que brilla un modo positivo de trabajar y de construir, nace nuestra certeza: vale la pena comprometerse siempre. Así redescubrimos el valor que tienen este ímpetu por construir y las preguntas que nos hacemos (son útiles, no un estorbo). Así redescubrimos el valor de la realidad, incluso cuando es fea, como la crisis en la que estamos inmersos. Así no se resuelven todos nuestros problemas, pero ya no son un obstáculo insalvable, se convierten en una oportunidad.

Esto es para todos.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3198 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 596 comentarios valoración: 2  4304 votos

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