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14 AGOSTO 2020
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Caminos ásperos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  50 votos
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Suena el viejo, el nuevo, Dylan. Suena el último disco 'Rough and Rowdy Ways'. (Ásperos y ruidosos caminos). Más que cantar, recita con lentitud sobre una melodía que desgarra con suavidad. Canta el viejo, nuevo, Dylan su 'Murder Most Foul'. Cuenta el asesinato de Kennedy. Está el presidente sobre la mesa de autopsias, los doctores mutilan su cuerpo, "but his soul was no there where it was supposed to be at" (pero su alma no estaba donde se suponía que debía estar). Cincuenta años buscándola y el viejo trovador no la ha encontrado. Cincuenta años buscando 'Freedom above me' (la libertad sobre mí).

Suena el viejo, el nuevo Dylan, convocando una antigua emoción y leo en Harper´s la carta de 150 personalidades contra la intolerancia del activismo progresista. Lo quieren dejar claro: nada que objetar a la lucha contra el racismo, el problema es la falta de libertad de expresión. Lo explica Mark Lilla, el que ya hace tiempo criticó el progresismo identitario y ha sido uno de sus promotores. Se trata de reclamar el derecho a disentir sobre lo que se supone que “hay que pensar” sin autocensura, sin censura en la prensa (despido de Bennet en The New York Times). Lilla señala que Estados Unidos no se ha movido “hacia el siglo XXI sino que ha regresado realmente al siglo XIX. Un siglo de denuncia, de indiferencia”.

Lilla habla del siglo XIX en la semana en la que un vicepresidente del Gobierno de España ha señalado a los periodistas que informan de forma crítica y ha “pedido” que se normalice el insulto en las redes sociales. “La libertad de prensa pertenece a la ciudadanía, no a las empresas de comunicación ni a los periodistas”, explica en un tuit su principal ideólogo. Y cuando leo ciudadanía, leo Estado. ¿Vuelta al comienzo del siglo XIX? ¿Son otra vez necesarias las revoluciones burguesas que consagraron la dimensión negativa de la libertad frente al poder? "But his soul was no there where it was supposed to be at".

Sigue Dylan, repetitivo, la canción dura dieciséis minutos. "Freedom above me". Y leo que Tik Tok, la gran red social que está descargada en 2.000 millones de dispositivos, ha anunciado que se retira de Hong Kong. Es la respuesta a la aplicación de la ley de seguridad nacional. Tik Tok, basada en microvídeos, hace furor entre los adolescentes de todo el mundo. Probablemente su retirada de la excolonia británica es un ejercicio de camuflaje. Tik Tok pertenece a ByteDance, empresa china. Y todas las empresas chinas tienen el mismo dueño. Y se me agolpan las preguntas: ¿Es Tik Tok un fenómeno similiar a Huawei? ¿Sería efectiva una sentencia como la que ha dictado un tribunal alemán contra la compañía de telefonía por no respetar la protección de datos? ¿Dónde va el ánima inmensa de miles de millones de jóvenes retratada en esas imágenes cortas, subidas aprisa, que buscan en el cielo de la nube un abrazo? ¿Es la minería de datos el poder del siglo XXI? "But his soul was no there where it was supposed to be at".

Del lado del capital tampoco hay nada sobre la mesa de autopsias. Cincuenta años no, dieciséis años buscando la libertad (Freedom above me) a través de Facebook. Zuckerberg siempre promete la edición de contenidos para evitar la difusión de fake news y el discurso de odio. Nunca cumple. En la campaña presidencial que ya ha comenzado volverá a pasar lo que ocurrió en la anterior. Hace cuatro años, el 40 por ciento de la población de Estados Unidos recibió contenidos incendiarios o falsos. A pesar de las recientes caídas en bolsa, las acciones de la compañía han subido en lo que va de año un 19 por ciento. Prácticamente irrelevante que Coca Cola, Pepsico, Levi Straus, Starbucks y Unilever hayan dicho que no harán publicidad en Faceebok.

El nuevo disco de Dyland cambia de tema. Suena ahora 'I Contain Multitudes' (contengo multitudes), tema que recuerda a Whitman. Las multitudes contenidas en cada usuario ("I sleep with life and death in the same bed", duermo con la vida y la muerte en la misma cama) se convierten en carne de negocio. "You greedy old wolf, I'll show you my heart" (lobo avaricioso, te mostraré mi corazón), recita con precisión el viejo bardo. Corazón de multitudes explotado en el negocio de la polarización: las noticias falsas, las mentiras, las palabras solo dichas en el dialecto de la tribu corren más rápido, enganchan más, hacen más dinero.

¿Cincuenta años de búsqueda para concluir que hemos vuelto al XIX? ¿Cinco décadas para descubrir que el XXI explotará e instrumentalizará sin piedad lo que llevamos? ¿Habrá que defender las viejas libertades como si no hubieran sido conquistadas, cambiarse a las redes sociales que han empezado a editar contenidos? Sin duda. Pero será todavía insuficiente para las multitudes infinitas que llevamos dentro. ¿Solo nos quedan 'Rough and Rowdy Ways'?

Sigue sonando el disco. Y ahora la música se hace dulce, nostálgica, como la fidelidad que atraviesa el tiempo. Y uno quiere bailar con su viejo amor. La voz del viejo Dylan no llega al tono. No importa. "I've Made Up My Mind to Give Myself to You" (he decidido entregarme a ti). "I knew you'd say yes, I'm saying it too" (sabía que dirías sí, yo también lo digo).

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3198 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 596 comentarios valoración: 2  4304 votos

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