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31 OCTUBRE 2020
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Wael Farouq: "Santa Sofía no es símbolo de poder sino testimonio de belleza"

Giulia Cerqueti | 0 comentarios valoración: 2  70 votos
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“Una agresión”. Wael Farouq, egipcio, musulmán, profesor de Lengua y Cultura árabe en la Universidad Católica de Milán, define con esta contundencia la decisión del presidente turco Erdogan de convertir de nuevo en mezquita Santa Sofía, la antigua basílica bizantina de Estambul, transformada en mezquita con la conquista de los otomanos y en museo desde 1934. “Lo que ha hecho Erdogan es una agresión contra la convivencia para lavarse las manos de la sangre de los miles de víctimas de las guerras de Iraq, Siria y ahora también Libia. No es ninguna sorpresa. El presidente turco es un vendedor de la fe y su decisión es puramente política, no tiene nada que ver con la religión”.

No usa medias tintas Farouq, experto en islam y firme promotor desde hace años del diálogo interreligioso. “La primera pregunta a la que debemos responder es por qué Erdogan ha transformado Santa Sofía en mezquita. En Turquía hoy gobierna una dictadura implicada en muchas guerras, en Siria, Libia, la guerra civil contra los kurdos que estos años se ha endurecido gravemente. Más de una cuarta parte de los periodistas encarcelados en todo el mundo están en Turquía, todos los escritores turcos importantes están en el exilio. Lo que ha hecho Erdogan es una provocación pura y dura contra Occidente. La reacción del mundo occidental y cristiano juega a su favor, le sirve para erigirse como protector del islam ante sus seguidores islamistas, para demostrar a los extremistas que él lucha por el mundo islámico. En Estambul no faltan precisamente mezquitas, no hacía falta tener otra”.

El punto central de la cuestión, según Farouq, es que “Erdogan ve a Santa Sofía como un símbolo de poder. Pero hay que tener en cuenta que este edificio histórico es un testimonio extraordinario de belleza, que resistió a los siglos del imperio otomano. La ideología del islam político mira este edificio como un símbolo de poder, que se conquista por la fuerza y la violencia. Y eso nos lleva a una reflexión fundamental sobre la relación, frágil, lábil, casi inexistente, entre la ideología del islam político y la belleza. ¿Cuántos escritores o artistas, cuántos generadores de belleza pertenecen al islam político? Ninguno. Todos los musulmanes que se distinguen o han distinguido como artistas o filósofos son contrarios a la ideología islamista. La ideología religiosa elimina la belleza porque pone en el centro el valor de la pureza. En cambio, la fe es una experiencia profunda de belleza. Para el islam político, lo que protege la pureza es la ley y la regla –la sharía–, mientras que la fe, para cristianos y musulmanes, contempla y pone en el centro el perdón. Pensemos en Afganistán. Cuando los talibanes llegaron al poder en 2001 destruyeron las estatuas de Buda de Bamiyan, porque para ellos eran símbolos de poder, no testimonios de belleza. Para la ideología, lo bello es peligroso porque habla directamente al corazón, penetra en el alma. Y por eso hay que eliminarlo, aniquilarlo”.

Santa Sofía, insiste Farouq, es un testimonio de belleza que no dejó de serlo tras la conquista del imperio otomano. “Lo que hicieron los otomanos en Estambul pasó también en Egipto. Cuando el sultán Selim I ocupó El Cairo ordenó la captura de miles de artesanos y los mandó a Estambul como prisioneros. Selim saqueó casas, mezquitas, negocios y arrancó a la ciudad sus bellezas y riquezas”.

Esta misma actitud de conquista y posesión es la que hoy, según este profesor egipcio, ha adoptado Erdogan con Santa Sofía en nombre de la ideología islamista. “Por tanto, no podemos hablar de ninguna manera de conflicto entre cristianos y musulmanes. Si lo hacemos caeremos en la trampa de Erdogan, que trata de hacer coincidir el mundo musulmán con la ideología islamista, y alimentar la guerra entre mundo islámico y mundo cristiano para sus intereses de conquista política, para afirmarse como líder indiscutible de los musulmanes, que se enfrenta a Occidente para defender la causa del islam”.

Invocar una especie de nueva cruzada, una revuelta de cristianos contra musulmanes, sería un error contraproducente. “La mayoría de los musulmanes no islamistas son contrarios a la decisión de convertir Santa Sofía en mezquita. El error constante de Occidente es identificar el islam con el islam político, siguiéndole el juego al presidente turco. El islam político, hay que recordarlo, no tiene el apoyo de los musulmanes, sino de los políticos occidentales, por sus propios intereses”. No habrá ninguna guerra por la antigua basílica bizantina y probablemente enseguida toda esta cuestión caiga en el olvido. “Pero mientras tanto habrá muchas declaraciones de guerra, un estado de enfrentamiento constante, muy cómodo para el sultán turco y sus continuas provocaciones a Occidente”.

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