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19 OCTUBRE 2020
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>Entrevista a Fernando Vidal

"Ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  85 votos
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El sociólogo apuesta por la sociedad civil avivando la comunidad de barrio, fortaleciendo la autonomía y desarrollo de la sociedad profesional, y estrechando la cooperación con la sociedad empresarial para ser capaces de estar a la altura del desafío que tenemos por delante.

¿Qué le ha parecido la respuesta de la sociedad civil frente a esta pandemia? ¿Existe una energía social para construir?

La pandemia Covid-19 ha sido un tiempo que ha confinado a dos tercios de la humanidad en un periodo imprevisto, corto e intenso, lo cual ha cortado drásticamente la expansión del contagio. Dicho confinamiento no hubiera sido posiblemente meramente con el peso de la ley, sino que ha sido un gran logro de la sociedad civil. La auto-organización es lo que ha hecho posible que en las condiciones de cuarentena las personas vulnerables hayan sido atendidas, gracias a los voluntariados organizados por ONG, redes vecinales y la solidaridad familiar. La necesidad levantó una gran ola solidaria no solo en España. A mitad de marzo el gobierno británico solicitó a una de las mayores ONG la creación de una red de 250.000 voluntarios para poder atender a dos millones de personas vulnerables durante el confinamiento. En dos semanas ya se habían apuntado más de setecientos mil ciudadanos y el programa tuvo que dejar de aceptar voluntarios. En España carecemos de datos generales, pero en una de las ciudades más castigadas, Madrid, se organizaron cincuenta redes vecinales espontáneas que con distintos tamaños y modos movilizaron a más de cinco mil voluntarios que atendieron a unas quince mil personas. El dato fue aportado por uno de los líderes de dichas redes en la Comisión de Reconstrucción del Ayuntamiento de Madrid. También hay datos de una de las principales organizaciones que ayudan a personas sin hogar, Bocatas. Durante el confinamiento recibieron medio millar de nuevos voluntarios para ayudar a las 675 personas sin hogar que se quedaron en las calles de Madrid durante la pandemia. La inmediata respuesta tras el confinamiento, ante la trepidante crisis económica, ha elevado más redes vecinales y parroquiales. Por ejemplo, en una de las zonas más afectadas de Madrid por la mortandad de la pandemia, Tetuán-Ventilla, las parroquias jesuitas han llegado a recaudar en una sola semana más de veinte mil euros y a movilizar voluntarios para conseguir doce toneladas de comida semanales para repartir en los hogares necesitados. Es evidente que ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud.

“Una de las medidas más importantes para construir una mayor sociedad civil sería el fortalecimiento de las sociedades profesionales”

Otros que, sin duda, han estado a la altura han sido los servicios sanitarios.

Hay otro aspecto crucial respecto la sociedad civil. Lo que sí ha funcionado de la respuesta a la Covid-19 se ha debido principalmente a los profesionales. Uno de los elementos más valorados durante esta crisis sanitaria ha sido la profesionalidad del personal sanitario y servicios esenciales, pero también de tantos trabajadores que se han adaptado al teletrabajo y continuado con su labor, incluso de modo más eficaz. En su conjunto, en nuestra sociedad se ha degradado la dimensión de la profesionalidad. Su valor ha sido rebajado en favor del materialismo, el individualismo, cuando no la corrupción. Una de las medidas más importantes para construir una mayor sociedad civil sería el fortalecimiento de las sociedades profesionales, que devuelvan a las profesiones su carácter de proyecto moral y servicio público.

Junto con esto, ha habido otro elemento que ha funcionado: la solidaridad de las empresas. Multitud de empresas han ayudado no solo tratando de beneficiar lo más posible a sus trabajadores y haciendo bien su trabajo, sino también donando bienes y servicios en la medida de sus recursos. Algunas han enviado dos o tres profesionales para trabajar gratuitamente en la instalación de los hospitales de campaña, otras han financiado y gestionado grandes compras de respiradores y material sanitario. La CEOE agregó gran parte de lo que se ha realizado en un programa común, pero sobre todo debemos atender también a la actividad solidaria incontable de las centenares de miles de pequeñas empresas que han hecho lo que han podido. Algunas siguieron con sus cocinas en marcha para alimentar a quienes estaban sin medios, otras han repartido paquetes gratis, otras han hecho atención psicológica o pedagógica gratuitamente y así de un modo multitudinario.

“Solo avivando la comunidad de barrio, fortaleciendo la autonomía y desarrollo de la sociedad profesional, y estrechando la cooperación con la sociedad empresarial vamos a ser capaces de estar a la altura del desafío”

¿Qué lección deben de sacar de esto las administraciones públicas?

La Administración ha hecho parte de su trabajo y los gestores podían haberlo hecho mucho mejor. Lo que sí ha funcionado es la gente y la sociedad civil. Este país necesita aprender esta lección de vida: solo avivando la comunidad de barrio, fortaleciendo la autonomía y desarrollo de la sociedad profesional y estrechando la cooperación con la sociedad empresarial vamos a ser capaces de estar a la altura del desafío que tenemos delante. Por el contrario, las acciones estatalistas y la estigmatización de la iniciativa social y empresarial que ha protagonizado el gobierno van en la dirección contraria y, lejos de fortalecer lo público, lo debilitan y empobrecen dramáticamente. España tiene una carencia crónica de sociedad civil y la reconstrucción post-Covid19 es una oportunidad histórica para constituir la sociedad civil del siglo XXI que necesitamos.

Una crisis como la que estamos viviendo puede ser el caldo de cultivo para el crecimiento de los distintos “ismos” pero también puede ser ocasión de superar la discordia y construir juntos. ¿Se dan las condiciones para que ocurra esto último?

Socialmente hay una exigencia casi unánime de unión de los políticos en un proyecto nacional común que trascienda los intereses partidistas: las encuestas han constatado que lo pide el 95% de la población. Los políticos que han obedecido a ese mandato –como es el caso de la alcaldía de Madrid o la presidencia de Castilla y León– han logrado elevar su perfil político extraordinariamente y forjar alrededor de sus figuras una altísima reputación ideológicamente transversal. Por el contrario, quienes han incitado a la división, han carecido de grandeza y principalmente han buscado desgastar a sus contrarios, han quemado su capital político y han provocado depresión política entre la población. No se dan las condiciones políticas para crear ese proyecto común compartido y se ha demostrado en la mayoría de comisiones de reconstrucción creadas en parlamentos y plenos municipales, pero muy especialmente en el Congreso de los Diputados.

“Estos acontecimientos de vida y muerte y esa experiencia en torno a lo esencial van a dejar una huella indeleble en todos los que lo hemos vivido”

¿Percibe que vence el pesimismo o como el hombre de otras épocas nos creceremos ante la adversidad?

Durante el confinamiento y el periodo posterior de crisis está habiendo una experiencia positiva, solidaria y profunda que ha afectado a las capas más esenciales de la conciencia. Uno de los interrogantes que más se repite en las conversaciones es si ese cambio perdurará o fructificará. Mi intuición es que esos acontecimientos de vida y muerte y esa experiencia en torno a lo esencial van a dejar una huella indeleble en todos los que lo hemos vivido. Si eso da fruto dependerá de si existe una segunda vuelta en la que se haga memoria y haya reflexión.

El anhelo humano de vida, elevación y totalidad es infinito e irreductible. Incluso en los tiempos más oscuros de nuestra historia y hasta en los hornos crematorios de Auschwitz fue incombustible: todo puede quemarse menos el amor y su esperanza.

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