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30 SEPTIEMBRE 2020
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La República de la ruptura

Javier Folgado | 0 comentarios valoración: 2  86 votos
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Las supuestas irregularidades del Rey Emérito ha puesto en entredicho a nuestra Monarquía. Muchos han aprovechado, este momento de debilidad, para atacar a esta institución secular. Por supuesto que la justicia tendrá que evaluar la credibilidad de estas sospechas pero que como consecuencia de estos presuntos delitos tenga que ponerse en tela de juicio la Monarquía es ya un salto que habría que analizar detenidamente.

El hecho de que una persona que ostente un cargo cometa un delito no implica necesariamente que la institución que representa sea inútil. De hecho, si seguimos la regla de tres no habría institución que quedará en pie (Junta Andaluza, Comunidad Valenciana, Generalitat de Cataluña, Guardia Civil…) en este país incluidos los partidos políticos.

El legado de Juan Carlos I, más allá de lo que pueda juzgar la justicia, en su conjunto ha sido positivo para España aunque solo sea por su liderazgo en la transición, que no fue empresa pequeña y en la que también otras personalidades como Adolfo Suárez y, más en la sombra, Torcuato Fernández-Miranda tuvieron un papel estelar en su liderazgo. Es cierto que la monarquía ha permitido un periodo de cierta estabilidad política que ha ayudado a desarrollar una transición compleja y un periodo posterior de cierta alternancia política. No me parece que una Monarquía sea especialmente ventajosa o no respecto a una República. Pero si en la tradición del país es una institución ya afianzada veo más inconvenientes en cambiarla que en mantenerla. De hecho, en la historia de España la irrupción de las repúblicas siempre ha sido una experiencia traumática. La Monarquía presenta una serie de ventajas ya que permite una figura de relevancia internacional que puede servir de “embajador universal”. Y, por otro lado, es un punto de referencia para el pueblo sin ligazón política.

¿Mejoraría la capacidad de los políticos de llegar a acuerdos con una República? ¿Dejarían los partidos políticos de ser estructuras cerradas donde se cultiva el seguimiento ciego al líder y el desprecio a lo que hagan otros partidos? ¿Depende la mejora de la calidad de nuestra democracia de que el sistema sea una Monarquía o una República? No creo que por ser una República, tampoco por ser una Monarquía, estemos en mejores condiciones de afrontar estas preguntas. Realmente, los males que acusa nuestra joven democracia ¿dependen de cuál sistema rija?

Mañana España podría ser una República, y no tiene que ser algo intrínsecamente malo, pero es notorio que lo más forofos republicanos de nuestro país no coincide con aquellos que buscan el bien común sino con una idea rupturista del país. Y es notorio también como muchos republicanos se han sentido cómodos en los últimos cuarenta y cinco años y este también ha sido otro gran éxito de la Monarquía.

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