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29 SEPTIEMBRE 2020
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Mi corazón no duerme

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  54 votos
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Not too much to ask. No es demasiado pedir. Es el título, que nos remite a una vieja canción de Bob Dylan, con el que el Meeting de Rímini de este año agrupa una serie de tres documentales-entrevistas. Tres conversaciones con José Ángel González Sainz -escritor español-, Maurizio Maggiani -escritor italiano- y Cornel West -filósofo estadounidense-. No es demasiado pedir que en el marasmo de los juegos con la nada alguien tenga un vínculo efectivo con la realidad, alguien sea capaz de ofrecer un rato de conversación que supere los esquemas y las fórmulas manidas. Esas santas y buenas fórmulas que han convertido en nostalgias podridas y en herramientas de poder las palabras que en un tiempo sucedieron. No es demasiado pedir una mirada que nos devuelva el gerundio: lo que está sucediendo. O quizás sí, quizás sea pedir un poco demasiado y eso hace interesante esta serie. 'Mi corazón no duerme' es el título del capítulo que tiene como protagonista a J.A. González Sainz, autor de 'Ojos que no ven', la novela que quizás haya retratado con más agudeza la contaminación nihilista con que la banda terrorista ETA invadió la sociedad española. Los ojos de González Sainz, promotor de un ambicioso proyecto cultural para extranjeros en la ciudad de Soria, miran y remiran buscando "la irrupción de la realidad". "El problema de no querer ver -explica- me pareció siempre esencial; todos en nuestra vida tenemos momentos en los que no queremos ver ciertas cosas y otros momentos en los que se nos abren los ojos, viene una luz y vemos". Confiesa que su obra, su vida, es una búsqueda, una lucha entre lo dado y las palabras, la imaginación, la memoria. Quiere huir de la palabra de los demagogos, de los clérigos, de los ideólogos, de los comunicadores y de la publicidad. Busca esos instantes en los que delante de las cosas, de los árboles, del agua, se produce una "epifanía". "Un ejercicio que hago a menudo con los extranjeros que vienen - explica- es pasearlos y preguntarlos: ¿qué veis? Y al cabo unos días les pregunto otra vez: ¿y ahora qué veis? Reconocen que no habían visto". A González Sainz se le puede atribuir lo que él mismo dice de su gran personaje Felipe Díaz Carrión. Felipe es un hombre de Castilla al que ETA ha arruinado la vida. Ante la tentación de la nada, da un paso atrás. Da un paso atrás por una extraña sabiduría. "Esa sabiduría le viene del camino, es una apertura a lo eterno. Es una sabiduría sabia con deje melancólico, una puerta que se abre sobre los goznes elaborados a partir de los grandes enigmas de la vida del hombre", apunta. "Cualquier narración que se precie, o al menos las que más me interesan, son aquellas en las que aparece un eco de que alguien ha tenido que ver con esos goznes".
Uno de sus últimos artículos en el diario El Mundo invitaba a "hacer de las tripas de la realidad, corazón de inteligencia". "Cada cosa es esa cosa y su trascendencia -explica-, pero vivimos en una virtualidad en la que las cosas se pierden". Por eso es importante "mantener la tensión viva, la tensión hacia las cosas, hacia los hechos, hacia la realidad. Creo que no hay más remedio que volver a las cosas y volver a las cosas es volver a lo inicial". Ese retorno exige recordar que "no estamos aquí hoy por primera vez en la vida, que había palabras antes, que están los muertos, que están nuestras anteriores generaciones". El escritor español está convencido de que en esta labor de recuperación de la realidad ayudan los tropiezos. "A veces -señala- nos ayudan los tropiezos, las crisis. Las crisis sociales, las crisis personales, las enfermedades...". La virtualidad y el emotivismo, según González Sainz, impiden la relación con la realidad. "Hay emotividad, sentimientos por todas partes, eso es un horror. Algunos movimientos políticos plantean que ya está bien de racionalidad y que hay que reivindicar el sentimiento político, parecen no darse cuenta de que el sentimiento político es el odio, el linchamiento. Sucede cuando la interacción entre lo que llamamos intelecto y sentimiento no se relaciona bien y la razón no consigue llevar las riendas. Triunfa el prejuicio y acabamos cabalgando sobre la estupidez peligrosa", apunta. Para superar la estupidez, González Sainz tiene entre sus compañeros al gran poeta Antonio Machado, que lee y relee y que explica de modo fascinante. "Machado va a lo elemental humano, a esos goznes hechos con los enigmas más importantes de la vida del hombre", subraya. "Uno de los elementos más importantes para Machado es el despertar y el velar. Se pregunta el poeta: '¿Mi corazón está dormido?'. ¿Mi capacidad está dormida? ¿Estás dormido? ¿Está seca 'la noria de mi pensamiento? No, mi corazón no duerme, está despierto, despierto'. Lo importante es que el corazón esté despierto, alerta, velando. ¿Y qué hace? Oír y mirar. ¿Qué mira? A lo lejos, ¿Qué escucha? A orillas del gran silencio". ¿Es demasiado pedir?
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