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24 OCTUBRE 2020
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El destino de Argentina, entre Argenzuela y el narco-estado

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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El camino hacia una Argentina presa del totalitarismo o, como la llaman muchos argentinos, hacia una Argenzuela, avanza imparable con un Gobierno que finge no entender la gran protesta social en su contra y que solo se nutre de contradicciones y también de mentiras. Cada vez resulta más evidente que, por primera vez en su tortuoso camino democrático, el país se encuentra con una figura presidencial que sustancialmente actúa como secretario de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Su desconexión con el país, o al menos con gran parte del mismo, ya es total. Solo se sostiene políticamente por esa parte de la población que vive gracias a subsidios eternos, y también por todo un mundo de sindicalistas y políticos dispuestos a hacer de todo con tal de que nada cambie.

El 1 de septiembre sucedió algo inverosímil. El congreso de diputados tenía que debatir dos iniciativas muy importantes, como la grave crisis turística debida al Covid-19 y el problema de la pesca ilegal. Este segundo tema es fuente de continuos problemas porque el tramo atlántico argentino constituye uno de los mares de pesca más importante del mundo y durante décadas pesqueros de varias nacionalidades, pero sobre todo chinos, pescan ilegalmente en aguas territoriales argentinas. Pero los medios disponibles, en la desastrosa crisis que el país vive desde hace años, no permiten preparar una flota capaz de velar por la seguridad de sus aguas. Por eso era importante encontrar una solución para ambos problemas.

La oposición, que en el congreso de los diputados cuenta con una mayoría, aunque escasa, se personó en masa, mientras que los diputados que apoyan al Gobierno participaron de manera virtual. El presidente de la cámara, Sergio Massa, un delfín kirchnerista que durante años repudió a este bando político para luego volver al redil (como el presidente Alberto Fernández, por cierto) con una decisión que supera la metafísica, decidió considerar a la oposición ausente en la reunión, a pesar de que tenía ante sus ojos a todos sus miembros en persona. Luego la reunión prosiguió como si nada, a pesar de las protestas de los diputados presentes, y se prolongó hasta las cinco de la madrugada, con la aprobación de dichos procedimientos contando solo los votos virtuales. En la práctica, asistimos a la liquidación política del congreso de los diputados pero, a pesar de que los presentes protestaron por este auténtico “golpe” institucional, Massa decidió aprobar la sesión y por tanto darla por válida.

Al día siguiente asistimos además a lo que se podría definir como “La parodia de la República”, con el presidente Fernández que desde el principio dio por nula la sesión, dada la gravedad de la situación que se produjo, pero al cabo de apenas una hora se convirtió en lo que ya es un clásico de su gestión, revertía la situación dando la sesión por válida. ¿Pero cómo? Porque claramente el “secretario” de Cristina Kirchner ha avalado las ideas de su vicepresidenta, que luego en la práctica, con esta decisión, ha mostrado quién detenta el poder en este país.

Mientras tanto, continúa el ataque al sector agrícola, donde grupos políticos rompen las bolsas donde se conservan las cosechas de soja, causando daños gravísimos para los propietarios, pero además ha vuelto a la palestra, en el sur patagónico del país, la ocupación de terrenos y casas por parte de los miembros de la tribu mapuche, que se consideran los propietarios de aquel territorio, a pesar de tratarse de una etnia de claro origen chileno que conquistó esas tierras asesinando a la etnia tehuelce originaria.

Pero también en la provincia de Buenos Aires, grupos pertenecientes a centros sociales ocupan de manera ilegal terrenos y viviendas que luego pasan a manos de organizaciones de narcotraficantes sin que el Estado mueva un dedo para defender a los propietarios legítimos ante estas invasiones. Si sumamos a todo esto el cambio radical en el sector de la justicia realizado recientemente, tenemos sin duda el cuadro de una Argentina que está descuidando la vigilancia de sus fronteras en plena disolución republicana y con un narco-estado a las puertas.

Todo ello mientras se mantiene una cuarentena eterna, que ya entra en su sexto mes y que, además de superar las diez mil muertes, ya ha alcanzado y superado el medio millón de contagios en una situación que probablemente, visto el nivel de contagios, llevará a una restricción aún más dura, con una cuarentena insoportable, que ya ha causado el cierre de más del 70% de las pequeñas y medianas empresas, la mayoría familiares, y que ha abierto las puertas al nacimiento de la Argenzuela.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3305 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1215 comentarios valoración: 2  4411 votos

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