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31 OCTUBRE 2020
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La confianza necesaria

Javier Folgado | 0 comentarios valoración: 1  26 votos
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Los asuntos de la vida social y económica –cooperación, creatividad, innovación– requieren tanto riesgo como confianza. Para que nuestras instituciones funcionen bien, debemos creer que la gente que trabaja o aprende junto a nosotros es en general decente (hasta que se demuestre lo contrario). Si la cautela y la sospecha son nuestras actitudes por defecto, y si cada uno de nosotros sabe que una palabra o acción malinterpretada se podría usar contra nosotros, aunque la motivara la mejor de las intenciones, no necesitaremos de un virus para mantener nuestra distancia social. Quien escribe esto es Emily Yoffe en “Una taxonomía del miedo”. Aunque lo escribe en referencia a Norteamérica parece un juicio igualmente válido para la situación de nuestro país.

En un contexto con un Congreso totalmente fragmentado, más que nunca urge entender que el otro es un bien. Frente a esto vivimos en una asfixiante política del cortoplacismo y de la imagen, del cálculo de ‘te doy un indulto para que me apoyes en los presupuestos’ en lugar de ponernos a trabajar buscando los presupuestos más adecuados para la situación del país. ¿Acaso en nuestro trabajo no tenemos que ponernos de acuerdo con personas que piensan distinto para buscar una solución adecuada?

En una sociedad plural se nos pone delante el desafío de buscar una síntesis de consensos básicos que nos permitan construir. Lo explicaba agudamente Redondo Terreros en una columna en El Mundo. “Seguimos sin comprender que la pluralidad de las sociedades modernas exige, para no asfixiarse o disolverse en el desbarajuste, de democracias capaces de integrar esa diversidad política, social, cultural y hasta religiosa. Pero para conseguir tan grandioso objetivo, las democracias necesitan de consensos sólidos y de unidad en cuestiones básicas”. 

No parece que la ruptura drástica con el 78, otra cosa son las reformas necesarias, con todo lo que ello implica, sea el modo más adecuado de buscar este suelo seguro desde donde construir. El PSOE busca irresponsablemente agitar el fantasma de Franco y la memoria histórica, como si no tuviéramos ya suficientes problemas, para movilizar a su electorado. Para buscar esta movilización del electorado más a la izquierda les ha salido un aliado perfecto en Vox, que junto a Unidas Podemos ha generado el efecto, deseado por ellos o no, de radicalizar las posturas de los partidos constitucionalistas y que previsiblemente eran más moderados.

Aunque no todas las ideologías son iguales y algunas son más dañinas que otras, un punto de partida para buscar este suelo desde donde construir debería ser la conciencia de lo que afirma Joseba Arregi: “en el espacio público de la democracia no hay ninguna verdad última ni legitimidad última y nadie es, por tanto, poseedor ni de la verdad última ni de la legitimidad última”. ¿Acaso no es culturalmente más revolucionaria una postura que busque la parte de verdad que me aporta el otro? ¿No es signo de una identidad segura aceptar matizar las propias opiniones al escuchar otras que tengan algo que aportarnos?

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