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31 OCTUBRE 2020
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¿Por qué volvemos al colegio?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  39 votos
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¿Por qué vuelven nuestros hijos? ¿Sólo porque tocaba? ¿Sólo porque lo dicen los políticos, que no se ponen de acuerdo en nada? Después de medio año (¡medio año!) sin las prisas por llegar a tiempo antes de que toque el timbre de entrada, sin poder aparcar en doble fila en Clara del Rey o Corazón de María, sin escuchar el bullicio de los recreos, sin ver correr a los chicos y chicas “del Claret”, o verles cansados y agotados al final de la semana, o con ganas de comerse el mundo (los bachilleres) o simplemente su merienda (los de infantil y primaria), volvemos.

Pero nunca nos fuimos. Hemos visto que el colegio estuvo ahí durante todo el confinamiento y que, en la “vuelta al cole”, hasta ha salido en la tele de lo bien que se ha tratado de hacer. La intención es todo, es la actitud, como dice el bueno de Víctor Kuppers. Y todos nosotros hemos seguido estando.

Ha habido momentos de comedias alocadas de Billy Wilder, o de verdaderos dramas. A mí, el regusto que se me queda, de cara a los niños más pequeños, es la película de “La Vida es Bella”, y su actor Roberto Benigni con su visión de la realidad, diferente precisamente porque la ve muy bien. Si hemos perdido a alguien cercano, seguramente es otro diferente. Pero de cara a los niños, “show must go on”.

Como padres hemos visto en los peores y más duros meses (¡meses!) del confinamiento el TRABAJO de los profesores. ¿De dónde viene su vocación? ¿De un reino de las musas? No lo creo. Viene de muy dentro de ellos, del trabajo que hacen dentro de su trabajo para acercarse al Destino, a través de la educación (Mario Mauro).

A pocos de nosotros nos han visto tantos ojos trabajando, en acción, en nuestro día a día. Tal vez un público menguado de un juzgado. Acaso un cliente. Pero no tantos ojos, inquisidores en ocasiones. Daba igual. Qué sorpresa cuando hemos visto que, vosotros, los profesores de nuestros hijos, es decir, nuestros profesores, no solo dais lecciones de Lengua o Science, o Arts, es que, además, sabéis responder preguntas imposibles de comprender, o tan sencillas que un adulto ya no puede responder sin un frenazo en seco, sin preguntarse qué es esto de la educación. Y sí, con una paciencia infinita, con el tono adecuado para cada situación, ¡y para cada niño! Esto sí es una clase magistral adaptada a cada alumno.

Los profesores os habéis metido en nuestras casas (nosotros en las vuestras también)… pero ya os las conocíais de sobra. Antes del Zoom, el Teams, el Skype… vuestra mirada sobre nuestros hijos nos alcanzaba también a nosotros. Es un superpoder, una visión aumentada.

A mí no deja de sorprenderme la manera de acercaros a cada niño, y cada clase y asignatura. Porque cada niño es único. Desde antes de nacer, todo un proyecto de vida, de persona, de futuro. Cinceláis invisiblemente, gota a gota, una vida, un futuro, el progreso. No es fácil. No ha sido fácil. No será fácil. Pero ya lo sabíais.

Al veros, recuerdo a mis profesores. La comparación es inevitable. Pero comparar no es juzgar. Para mí, es un viaje al pasado, y cuando seáis el recuerdo en la memoria de nuestros hijos, tendrán un bonito lugar al que volver cuando cierren los ojos, o cuando estén “de cubatas” (que lo estarán) con sus amigos.

Vosotros, profesores, maestros en todo caso, nos habéis enseñado que tenéis un vínculo con nuestros hijos, que al menos yo no veía tan fuerte, aunque se podía intuir en los buenos días, las buenas tardes, las miradas cómplices, las sonrisas…

En casa, con vuestras voces de fondo saliendo de algún lugar, de la cocina, de un armario (ha habido de todo), del salón o de las habitaciones, a veces del ordenador de nuestros trabajos o de los móviles, nos habéis demostrado que esto de la educación, al final, va a ser verdad, que va de formar personas (me sale decir “personas humanas”…) y no solo de transmitir conocimientos, que también.

En esto de la educación va a ser verdad también que es cosa de todos (por más que me cueste consultar el Educamos una y otra vez), cosa de los padres, de los hijos, de vosotros, de la comunidad educativa… de la sociedad. Tiene que ver con hacer algo juntos, mirarnos juntos, hacer comunidad. Lo cual, aunque se sea cristiano, a veces no es tan evidente.

Qué fascinante cuando descubrimos que el colegio no son solo los edificios, los campos, el patio, las asignaturas, sino que el colegio somos todos y acogemos este designio de Aquel que hace todas las cosas, que construye nuestra vida, que nos hace madurar, nos hace ser nosotros mismos, hace que nuestra vida esté unida, despierta nuestro deseo, nos hace estar presentes en el presente (Luigi Giussani). No hay que darlo por supuesto.

¿Por qué volvemos al colegio? Porque merece la pena. ¿Por qué la merece? Porque como dijo el humorista Ignacio Salas “esto es un recreo fantástico y vivir es lo que importa”.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3314 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1303 comentarios valoración: 2  4420 votos

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