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29 NOVIEMBRE 2020
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Buscando razones

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  34 votos
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La segunda ola del virus, que ya se extiende por toda Europa, se topa con la fatiga. El Centro Europeo de Control de Enfermedades tenía registrados a mediados de septiembre 2,3 millones de contagiados en el Viejo Continente. Ahora son casi el doble. Hubo en la primera ola responsabilidad para aceptar un confinamiento duro, confianza no en los políticos, pero sí en el personal sanitario y en el resto de la sociedad. Hubo solidaridad espontánea. Ahora aparecen, con mucha más rapidez, la irritación y las reacciones individualistas. Lo saben bien los que trabajan en los hospitales y en los centros de salud. Lo apuntan las encuestas. El cuadro es especialmente acusado en España donde se salió mal del encierro, apenas hubo transición entre la primera y la segunda ola y la polarización política sigue disparada

Seguramente es inevitable que suceda algo así. Por más que se advirtió que esto sería largo, nos habíamos imaginado un final, un momento en el que todo se acabaría. Desde luego no ha ayudado la expresión “nueva normalidad” que nos ha invitado a poner límites temporales. Curiosamente ahora ya casi no se habla de lo que hemos aprendido y de cómo será el mundo después de la pandemia. Muchas de las energías iniciales han desaparecido. Y son las razones de carácter moral, que fundan esas energías, las que más necesitamos.

Se han hecho avances en el conocimiento sobre la propagación y en la respuesta médica. Pero a la hora de aclarar cómo convivir con el virus del modo menos dañino posible, la razón científica sigue sin encontrar un suelo firme. A partir de determinado grado de incidencia, si la capacidad de rastreo se ve superada, solo son útiles los confinamientos para frenar la transmisión comunitaria. Es la tesis de la OMS y de buena parte de la comunidad médica. Tesis rebatida por la Declaración de Great Barrington de hace unos días que ha apostado por suprimir los confinamientos, dejar circular el virus, hacer una protección focalizada a los más vulnerables y lograr la inmunidad de rebaño. El documento ha sido impulsado por expertos de Harvard, Oxford y Stanford. En ayuda de esta posición, completamente heterodoxa, ha venido David Nabarro, profesor del Instituto del Imperial College de Londres y asesor especial del secretario general de la OMS. Nabarro sostiene que los confinamientos solo sirven para ganar tiempo y que, si son generales, aumentan la pobreza. Días antes, el FMI, en su documento ‘The Great Lockdown: Dissecting The Economic Effects’, sostenía lo contrario. Sus expertos defendían que permitir la movilidad cuando hay una circulación significativa del virus podía ser más negativo para la economía que un confinamiento temporal.

No hay evidencias científicas para la segunda ola. Seguramente el progreso tecnológico nos ha acostumbrado a pensar que el desarrollo del conocimiento tiene los mismos tiempos que el desarrollo de una herramienta. Y son dos cosas diferentes. Desde marzo hemos visto cómo la biología se imponía a la tecnología. Y, sorprendidos y alertados, descubrimos que los tiempos de la razón, también de la científica, no son igual a cero.

La razón económica tiene aprendido de la crisis de 2008 que hay que inyectar grandes cantidades en el sistema a través de la política monetaria. No hay que tener miedo a disparar el déficit y la deuda. Ya casi se da por descontado que el BCE ampliará en diciembre su programa de estímulos en 600.000 millones de euros. La decisión del Banco del Euro nos ha salvado y estamos a la espera de la concreción del Fondo Next Generation. En las últimas semanas hemos aprendido que las ayudas de Bruselas tardarán tiempo en materializarse. La UE ha reaccionado esta vez bien. Pero eso no ha impedido que las previsiones del FMI sean malas para Europa: la Zona Euro caerá más de un 8 por ciento este año, Estados Unidos un 4,3 por ciento y China crecerá un 1,9 por ciento. Las recetas aplicadas son las correctas, pero Europa tiene que encontrar respuestas a un gran desafío para la razón económica y social: la reconversión del capital humano, sobre todo en el sur. Y eso exige cambio de mentalidades. Como dice Fernando Savater, la patria no es un hospital y los ciudadanos no somos lisiados. Ni los gobernantes enfermeros ni los medios de comunicación anestesistas.

Hemos dicho muchas veces que las consecuencias del COVID 19 se parecen mucho a las de la II Guerra Mundial. Seis años después de que se acabara el conflicto, nacía la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Difícilmente se puede pensar en mayor avance económico y social. Pero eso no impidió que en los años 50 del pasado siglo un viento gélido recorriera Europa: el viento de la desilusión y de un existencialismo para el que la vida se había convertido en una pasión inútil. La razón moral, la que genera evidencias sobre quién somos, sobre el significado de nuestro yo y de la relación con los otros, es la que tiene que trabajar con más urgencia en este momento. Ha sido la más olvidada. Ahora sus conclusiones son imprescindibles.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3358 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1610 comentarios valoración: 2  4459 votos

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