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24 NOVIEMBRE 2020
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El virus del nihilismo que desafía a jóvenes y adultos

Gerardo Bertolazzi | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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Para las personas más frágiles y vulnerables, como ancianos y jóvenes, desde el punto de vista psicológico esta fase de recrudecimiento del Covid-19 resulta mucho más desestabilizadora que la fase de confinamiento total, que creaba aislamiento y soledad pero también una fuerte sensación de protección porque parecía que el enemigo oscuro quedaba fuera. Ahora esa esperanza se rompe en sentimientos decepcionantes que pueden transformarse en desesperación e incapacidad para proyectarse en un futuro digno de ser esperado.

Según Eugenio Borgna, “la esperanza nos permite abrirnos al futuro, liberándonos de la obstinada prisión del pasado y del presente”. La progresiva recuperación de relaciones se vive con aprensión y angustia por miedo a perder los “límites” y la distancia que en cierto modo nos protege, no solo del contagio sino de ponernos en juego cuando nos encontramos con los demás.

En los jóvenes y adolescentes, este miedo se expresa en forma de retirada o de violencia, que encuentran en el mundo virtual la posibilidad de desinhibir sus instintos, su agresividad y sus fantasías sexuales de control y posesión del otro, reducido a objeto de dominio omnipotente. El papa Francisco lo identifica muy bien en su carta encíclica Fratelli Tutti. “En la comunicación digital el respeto al otro se hace pedazos y, de esa manera, al mismo tiempo que lo desplazo, lo ignoro y lo mantengo lejos, sin pudor alguno puedo invadir su vida hasta el extremo”.

Durante el confinamiento, se descubrió un canal de chat con decenas de miles de suscripciones, entre ellos muchos jóvenes menores, dedicado al intercambio de imágenes pornográficas violentas animando a la violación. Tras las numerosas denuncias de los padres, a finales de abril se cerró este canal, pero surgieron muchísimas alternativas.

Como he podido ver en varios casos de adolescentes problemáticos que se han sumado de manera acrítica a estos peligrosísimos chats, la dinámica suele ser la del intento psicológico de superar experiencias de frustración e impotencia ante una realidad que no parece permitir tener esperanza en el futuro, y lo hacen mediante la ilusión de la omnipotencia, donde todo es posible en la inmediatez del mundo virtual.

Los mismos episodios de violencia inaudita que hemos visto estos meses entre jóvenes que, mediante reacciones agresivas e incontroladas han llegado a matar sin motivo, también se pueden interpretar como una necesidad narcisista de imponer la propia “superioridad”. Pero a menudo, perseguir una falsa imagen de uno mismo hace al joven más frágil a la hora de vivir de manera dramática sus fracasos y frustraciones, que por tanto expresa de manera agresiva.

Este narcisismo patológico se sitúa en un contexto social dominado culturalmente por el nihilismo, como señala Antonio Polito en un análisis sobre la violencia juvenil que publicó recientemente en el Corriere della Sera. Él define el nihilismo actual como “esa especie de intimidad con la nada (nihil en latín) que se está adueñando de muchos jóvenes. Que vacía de valor sus vidas y les empuja a rebelarse contra cualquier regala, hasta la más elemental, porque en el fondo no hay nada que valga la pena”

Polito cita a Julián Carrón, que en su libro “Un brillo en los ojos. ¿Qué nos arranca de la nada?” afirma que “a diferencia del nihilismo de antes, el actual tiene los rasgos de una vida ‘normal’, pero con un ‘virus’ que roe por dentro, insinuando que nada vale la pena, nada es capaz de atraer ni aferrar de verdad”.

Siguiendo el lenguaje relacionado con el contagio del Covid, una especie de “nihilismo asintomático” que sutilmente puede contagiar hasta hacer “sintomáticos” a los sujetos más vulnerables.

Para Galimberti, “al nihilismo hay que mirarlo a la cara, pero la gente se niega a ver que ha perdido el sentido. Los jóvenes viven en el presente absoluto porque el futuro ya no es una promesa”, como decía este verano en el Meeting de Rímini.

Giorgio Cerati señalaba también que “solo la intervención especialista médica y psicoterapéutica parece tener las armas afiladas. ¿Cómo acoger su pregunta e inventar nuevas respuestas frente al desafío que nos presentan estos muchachos actualmente?”. La respuesta no puede ser solo psiquiátrica o psicológica, que es necesaria, pero debe integrarse en intervenciones sociales y culturales, y sobre todo educativas.

La educación, según Polito, “es un proceso complejo, requiere ante todo de educadores, es decir, personas dispuestas a arriesgar para hacerse amar y respetar”. Pero para ello “hacen falta maestros capaces de tocar el punto candente que hay en el corazón y en la mente de toda personalidad en formación, y afortunados aquellos que una vez en su vida se hayan encontrado con uno”.

Como adultos en los diversos ámbitos profesionales, familiares y relacionales, todos estamos implicados. Lo dramático de esta situación, si lo miramos a la cara hasta el fondo, puede hacer que emerja nuestro amor por los jóvenes, reconociendo el profundo grito de salvación y esperanza que viven dentro de su malestar.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3353 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1559 comentarios valoración: 2  4458 votos

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