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24 NOVIEMBRE 2020
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El país de la vida

Jesús de Alba | 0 comentarios valoración: 2  28 votos
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Vísperas del viernes tarde. Me toca confinamiento duro por positivo en Covid. Al cristiano jamás se le ha ahorrado ninguna de las condiciones y circunstancias duras que le toca atravesar a su generación. Es más, tiende a asumir y acompañar las cruces de los demás. Ración doble. Este ha sido el gran pilar sobre el que se ha construido y desarrollado la civilización occidental: recuperar al más débil, acompañarlo, sacarlo adelante. Ternura del hombre, signo de la ternura infinita de Dios.

Corren tiempos de desasosiego, temor, oscuridad, bloqueo, incertidumbre, sombras que empañan la vida común y personal. En medio de tanto malestar y frustración, palabras luminosas: “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida” (Samo 114).

¿Dónde está ese país de vida que uno siente que se lo han birlado?

Más allá de la situación social actual provocada por la pandemia, interesa saber dónde anda la puerta de entrada y salida de este hermoso país de la vida porque también se observa que hay muchos elementos en la vida que pueden mostrar en el tiempo la doble cara del paraíso o el infierno. Tal vez la más destacada sean las mismas relaciones afectivas que en un primer momento nos introducían en la alegría de vivir y con el tiempo muchas se convierten en el mismísimo infierno. “L'enfer, c'est les autres”, dice la famosa frase de Sartre. El infierno son los otros.

No sabría decir con exhaustividad dónde se encuentra ese país de la vida, pero sí señalar algunas de las características.

1.- La puerta de entrada a este país está siempre como oportunidad en todo instante. Siempre. No tiene que ver tanto con las circunstancias que nos rodean como habitualmente pensamos. Como nos han enseñado las interminables generaciones pasadas, jamás desaparece por dura que sea la circunstancia. Ahí tenemos al padre Kolbe en el campo de concentración de Auschwitz por poner un ejemplo extremo o san Carlos Borromeo en medio de la peste negra, único momento en la historia de la humanidad donde la población decreció de forma notable.

2.- Es una gracia, un don. Pèguy dice que la gracia “es impredecible como una mujer y como una mujer tenaz y obstinada está hecha de una sola pieza. Los hombres que Dios quiere que la tengan, la tienen. Los pueblos que Dios quiere que la tengan, la tendrán (…) la gracia no toma nuestros mismos caminos. Y nunca jamás toma dos veces el mismo itinerario. Es libre, dice la historia, la fuente de toda libertad”.

3.- Un trabajo. La gracia debe encontrar espacio en nuestro corazón testarudo y cerrado tantas veces a su acción.

Conviene no equivocar el tipo de trabajo. Para el hombre moderno, la conciencia es el lugar donde uno genera pareceres y pensamiento propios, y tiene el derecho a afirmarlos porque se considera a sí mismo la fuente de todo. En cambio, para el hombre cristiano la conciencia es el lugar íntimo donde uno busca y escucha la verdad que le viene de Otro más grande.

4.- El testigo. El testimonio. Cuentan que Justino, uno de los primeros padres de la Iglesia y grandísimo filósofo, iba caminando por la playa pensando en cómo poder descubrir la verdad de la vida después de haber pasado por todas las escuelas filosóficas de su tiempo sin encontrar respuesta. En su diálogo con Trifón, cuenta que se encontró con un anciano de aspecto venerable. Enseguida la conversación transcurrió por el sendero de interrogantes que los filósofos no son capaces de responder por la sola razón. El anciano entonces le habla de unos hombres bienaventurados, justos y amigos de Dios que hablaron por inspiración divina. Acabó exhortándole a seguir sus consejos y seguir a esta gente. Cuenta Justino que en seguida sintió que se encendía un fuego en su alma y se apoderaba de él el amor a los profetas y aquellos amigos de Cristo y que, reflexionando sobre los razonamientos del anciano, halló que esta sola es la filosofía segura y provechosa.

Desde hace 2000 años, siempre el mismo método. “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? “(Lc 24,32), decían los discípulos de Emaús que se encontraron con Cristo resucitado.

El anciano exhortaba a Justino, uno de los grandes santos y padres de la Iglesia, a no dejar apagarse en él esa llama recién encendida y seguir a aquellos amigos de Dios.

Tal cual hoy. ¡El país de la vida!

La alternativa, tantas veces, la conocemos muy bien, como canta magistralmente Nacho Vegas: “Tracé un ambicioso plan, consistía en sobrevivir”.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3353 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1559 comentarios valoración: 2  4458 votos

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