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24 NOVIEMBRE 2020
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Dudas y esperanza tras la victoria de Arce en Bolivia

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 1  19 votos
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Finalmente las elecciones se celebraron en Bolivia con la victoria del Movimento Socialista MAS, con más del 55% de los votos. Los dos partidos de la oposición (Comunidad Ciudadana y Creemos Bolivia) consiguieron el 28,83% y el 14% respectivamente, por lo que Luis Alberto Arce Catacora es el nuevo presidente.

Antes ministro de Economía y Finanzas, Arce es reconocido como el artífice del desarrollo de Bolivia durante los años de presidencia del polémico Evo Morales, aunque el crecimiento del país no se ha utilizado solo para crear un bienestar social sino también un ministerio de sanidad que ha llevado a las desastrosas cifras que ha sufrido el país por el Covid-19.

El conocimiento de Bolivia por parte del mundo occidental se basa en muchos estereotipos que son típicos del llamado progresismo “radical chic”, que hace años celebró el triunfo de Evo Morales como la victoria justa del indio sobre el capitalismo.

Pero el “complejo de Cristóbal Colón” se siguió difundiendo desgraciadamente, y lo sigue haciendo, creando estereotipos que unen una manipulación histórica a un análisis bastante superficial de una nación que se aleja mucho de un análisis ecuánime de los hechos. Se tiende a considerar el movimiento indio en su totalidad como una etnia única, oprimida por los conquistadores y sus herederos. Vamos, que la conquista del continente latinoamericano fue obra de un puñado de españoles que tenían unos ideales muy poco “humanos” y que con el paso de los siglos causaron atrocidades inenarrables, pero ese puñado de aventureros lograron someter al continente entero aprovechándose sobre todo de las crueles divisiones que existían (y existen) entre las etnias originarias, que a veces se alinearon con los españoles para diezmar a enemigos de su propia raza.

Este concepto aún persiste porque entre las diversas etnias indias que pueblan los diversos países no corre la misma sangre y Bolivia, donde viven hasta 63 tribus diferentes, es una demostración de ello. La consagración de Morales como presidente fue también la de los aymara de los altiplanos, y los años de poder de Evo se distinguieron también por las expropiaciones de terrenos de otros pueblos, operaciones mezcladas muchas veces con delitos que llegaron al conocimiento de la ONU.

De hecho, los fraudes electorales de 2019 en las elecciones presidenciales provocaron no solo una protesta popular gigantesca, sino también el alejamiento del “caudillo” de su país, camuflado de huida en una serie de fotos inolvidables en las que Evo aparecía como el oprimido para alegría no solo de los “radical chic”, sino también de los presidentes latinoamericanos del “pacto de Sao Paulo”, que sustancialmente obedecen al populismo de inspiración cubana. De hecho enseguida corrió la voz del “golpe de estado militar” que habría depuesto al “legítimo” vencedor de las elecciones (Morales) e instalado en el poder a Janine Añez. Pero los defensores de esta hipótesis pronto quedaron defraudados porque las elecciones se celebraron (aunque con un leve retraso debido al Covid) y la victoria fue para el partido de Morales, ¿pero eso significaba su retorno al poder?

Aquí hay que hacer varias consideraciones, en primer lugar sobre la labor de Añez como presidente, pero ante todo sobre la falta de unidad de la oposición, que favorece al MAS. La gestión de la expresentadora televisiva no ha sido de las mejores precisamente y ha padecido los mismos ataques ideológicos (obviamente de signo opuesto) que su contraparte política. Hay que decir que, aunque con mucho retraso, Añez se retiró de la competición presidencial para intentar ofrecer una unidad al frente opositor al MAS, pero los errores que cometió en este breve arco de tiempo han sido notables, empezando por mostrar la Biblia el mismo día de su investidura “ad interim” como signo de guía en sus políticas. En una nación de mayoría india (aunque profundamente dividida en su seno) un gesto así, que tiende a reforzar su modus operandi en relación con la minoría evangélica presente en el país, no refuerza precisamente la unidad de Bolivia y, condicionado por otros errores posteriores, ha mostrado en la práctica un concepto de democracia poco factible.

Ahora habrá que ver qué pasa con el nuevo presidente, si su elección significará la continuación del populismo de Morales o una ruptura de Alberto Arce con el pasado de su líder. Una hipótesis que ya se ha visto en Ecuador, donde el presunto delfín del expresidente Rafael Correa, Lenin Moreno, una vez en el poder ha roto el hilo que le unía a su predecesor, hasta el punto de que el 20 de septiembre solicitó, mediante un mandato internacional, su arresto para cumplir una condena de ocho años de cárcel por corrupción.

En sus primeras declaraciones, Arce ha dado a entender que quiere alejarse de la sombra de Morales, lo cual es deseable no tanto por romper con un pasado de luces pero sobre todo de sombras en este país sino para dar inicio a una fase política donde la democracia real pueda instaurarse en una nación cuya historia, entre continuos golpes de estado militares y la pseudodemocracia de Morales, necesita urgentemente señales de unidad que cierren la brecha étnica de la que Bolivia necesita librarse si quiere hablar de verdadero progreso y de un futuro digno para este país tan rico.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3353 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1559 comentarios valoración: 2  4458 votos

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