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24 NOVIEMBRE 2020
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Arriesgar la libertad

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
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Hace poco más de dos meses, tres jóvenes pintaban, en el acceso a un colegio de Madrid, flechas verdes y rojas. Vestían ropa deportiva por si la pintura acababa en sus pantalones. No eran pintores profesionales y no tenían mucha destreza. Eran el profesor de matemáticas, el de lengua y la profesora de lengua. Ni el Gobierno nacional ni el de la Comunidad Autónoma habían dado instrucciones claras sobre cuándo y cómo reabrir las clases. Las indicaciones solo llegaron días antes de que los chicos pudieran volver a las aulas. Muchos colegios de la concertada pudieron contar con sus profesores para hacer tareas de acondicionamiento con urgencia. Ahora esos tres profesores que llevan diez semanas dando sus lecciones, con mascarilla y con la ventana abierta, dedican buena parte de su poco tiempo libre a enterarse de cómo queda la enseñanza concertada en la nueva ley educativa que se aprueba esta semana en España. Es la octava ley en 40 años en un país en el que, desde la transición a la democracia, la enseñanza ha sido motivo de confrontación. Casi desde 1978, el derecho a la educación y la libertad de enseñanza han causado enfrentamientos.

Hace falta una reforma del sistema educativo español. De eso no hay duda. Los programas son demasiados extensos y suelen abordarse sin profundidad. La tasa de abandono escolar temprano se ha reducido considerablemente en los últimos años, pero con más de un 17 por ciento sigue estando por encima de los objetivos de la Comisión Europea. Las fórmulas de refuerzo todavía no son eficaces. La Formación Profesional sigue sin acercarse al mundo de la empresa. Tiene el estigma de ser la opción para los perdedores. La única referencia en la que destacan los alumnos españoles en las evaluaciones de Pisa es la competencia global: la habilidad blanda de respeto al otro. Los resultados en matemáticas, comprensión lectora y ciencias tienen pendiente una mejora.

El cambio impulsado por el Gobierno PSOE-Podemos, cuando salió del Gobierno, ya iba en la dirección contraria a las necesidades reales. Durante la tramitación parlamentaria, la ideologización se ha incrementado por los acuerdos con los nacionalistas vascos y catalanes. Podemos, muy lejos de la moderación socialdemócrata propia de la izquierda europea, ha incrementado la intervención del Estado y la colonización radical de contenidos. Sobre todo, en materias en las que no hay consenso y en las que la capacidad de decisión de los padres debe ser tenida especialmente en cuenta.

Es dudoso –tal y como prevé el proyecto– que la facilidad para pasar de curso, a pesar de acumular suspensos, sirva para mejorar la calidad de la enseñanza. Especialmente en el bachillerato. En la práctica supone reducir la autonomía de decisión de los claustros. La supresión de un sistema objetivo de selección de los inspectores educativos hace temer una politización de la administración.

Salvo que las Comunidades Autónomas ejerzan algún tipo de insumisión, la escuela concertada perderá libertad. La escuela concertada, a pesar de sus imperfecciones y limitaciones, es un ejemplo de subsidiariedad educativa. Hasta ahora ha permitido a la iniciativa social escolarizar entre un 30 y 40 por ciento de los alumnos con dinero público. En la nueva ley, se prevé solo aumento de plazas para la escuela pública. Se elimina la demanda social (las peticiones de los padres) como criterio para planificar colegios concertados. Se impide recibir cesiones de suelo municipal, lo que en la práctica dificulta la construcción de nuevos centros. Se obliga a los niños a ir al colegio del barrio, impidiendo a los padres elegir, como hasta ahora, en los distritos únicos regionales (fórmula que da muchas más posibilidades).

La limitación de la libertad es un hecho. Otra cosa es encontrar la respuesta más adecuada a un Gobierno que va a estar al frente del país, cuando menos, tres años más. Habrá que valorar si ciertas respuestas y ciertas guerras culturales contra la nueva norma pueden provocar reacciones contraproducentes en quien detenta el poder. Lo importante es no perder más espacio.

Esta situación indeseada, esta amenaza a la libertad, quizá pueda ser la ocasión para tomar conciencia del resultado del sistema de conciertos. No sin problemas, y con restricciones en las Comunidades Autónomas donde han gobernado los socialistas, la enseñanza de iniciativa social ha educado a cuatro de cada diez españoles en los últimos 35 años.

Los resultados educativos no se miden solo por la adquisición de competencias duras o blandas, absolutamente útiles y necesarias en el ámbito profesional. La tarea educativa se materializa cuando la hipótesis ofrecida es asumida o rechazada por el joven en un proceso crítico en el que madura como sujeto. Por eso hablamos tanto de emergencia educativa, porque, a menudo, el encuentro entre las dos libertades, la del educador y la del joven, no se produce. Los adultos, con frecuencia atenazados por el miedo y la desorientación, somos incapaces de arriesgar ante la libertad de los estudiantes que se nos antoja un enigma indescifrable.

Sería paradójico que la nueva batalla por la libertad de educación, que debería estar guiada más que nunca por la prudencia y el realismo, no fuera una ocasión para profundizar en lo que a menudo se da por supuesto: cómo educar para la libertad. Probablemente es lo que tenían en la cabeza los tres profesores metidos a pintores.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3353 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1559 comentarios valoración: 2  4458 votos

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