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27 NOVIEMBRE 2020
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Razón herida

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  15 votos
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“In Spain we say joder qué largo”, canta Rigoberta Bandini, la nueva voz de la música electrónica en España. Mezcla el castellano y el inglés. “In Spain we call it soledad”, golpea el tema que detalla los efectos de la pandemia en un alma joven. Paradojas del momento, ahora que el alargamiento del tiempo y la reducción del espacio que ha traído el Covid podría acabarse, ahora aparece una gran duda. Es una desconfianza que señala no el daño sanitario ni el daño económico que ha provocado el virus. Es una inseguridad que afecta a la única de las razones que parecía estar en pie.

La UE no quiso la semana pasada ponerle fechas a una vacunación significativa entre la población europea durante 2021. Reclamó planes de vacunación nacionales y recordó que todavía es necesaria la aprobación de la Agencia Europea del Medicamento. Las operaciones logísticas van a ser complicadas: la vacuna de Pfizer exige 70 grados centígrados bajo cero y la de Moderna 20 grados. En cualquier caso, las tasas de eficacia están por encima del 90 por ciento. Lo que supondrá mucho más de lo inicialmente previsto cuando las notas de prensa de las farmacéuticas sean corroboradas por los estudios científicos pendientes de publicar. La solución puede estar cercar. COVAX, la plataforma de 187 países creada para llevar el remedio a todos los rincones del planeta, trabaja para que dos mil millones de vacunas se distribuyan el próximo año. Sin inmunizar a un 60 por ciento de los más de siete mil millones del planeta, no podremos dar por superada la pandemia. Al menos tenemos un camino. Todavía con plazos inciertos, pero con una meta clara.

En esta ruta ha aparecido la incertidumbre moral. Son muchos los que podrán vacunarse pero no quieren hacerlo. No estamos hablando de esa minoría, cuatro por ciento, que a base de consumir teorías conspirativas considera cualquier tipo de inmunización frente a cualquier enfermedad una amenaza. En España, las últimas encuestas reflejan que el 47 por ciento no está dispuesto a vacunarse inmediatamente. Los estudios del Pew Research Center apuntan que, en Estados Unidos, de mayo a septiembre, el porcentaje de los ciudadanos dispuestos a vacunarse cayó del 72 al 51 por ciento. La confianza en el remedio bajó 20 puntos en todos los niveles educativos. Menos de la mitad de los que tienen entre 30 y 49 años estaban dispuesto a recibir el remedio.

Nature Medicine ha hecho una encuesta interesante que compara la aceptación de las vacunas para el Covid entre 19 países. Los ciudadanos de China y de Corea del Sur son los más dispuestos a vacunarse. En el caso de China todo resultado estadístico debe ser puesto en cuestión. Hace unos días el Partido Comunista del país ha proclamado que el modelo de represión de libertades es el mejor para combatir una pandemia. No nos podemos fiar de las respuestas de ninguna encuesta y todavía está por comprobar la veracidad de la información sobre la evolución de la segunda ola. El caso de Corea del Sur es muy significativo. En aquellos países donde los ciudadanos están satisfechos con la gestión que han hecho sus gobiernos frente al Covid, la disposición a vacunarse es mayor.

La confianza en la gestión política y la confianza en las bondades de un remedio médico tienen, en principio, objetos diferentes. En el primer caso se utiliza una razón social, en el segundo caso, en principio, la razón de la ciencia. Desde hace mucho tiempo la comunidad científica ha reconocido los múltiples caminos que existen para adquirir certeza sobre algo. Lo llamativo es que la larga lista de estilos que utilizamos para razonar se haya unificado con motivo de la pandemia. La unificación ha tenido lugar no en torno a uno de los clásicos métodos científicos, el de la experimentación. El método único ahora es el de la fiabilidad del testigo. Las farmacéuticas informan de que han hecho los experimentos pertinentes y que la vacuna funciona. Pero no se les da crédito. Los ciudadanos no tienen medios para comprobar que los experimentos están bien hechos. Necesitan fiarse de alguien que sea digno de su confianza. Y la razón, que al final es una sola, herida por la desconfianza producida por la gestión política, traslada sus sospechas hacia el ámbito médico. Rigoberta Bandini dice que quiere salir del Covid aprendiendo algo. Aprender cómo funciona nuestra razón, aprender cómo aparece la confianza sería un gran aprendizaje.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3357 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Elena Simón | 1602 comentarios valoración: 2  4459 votos

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