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5 DICIEMBRE 2016
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Defendemos la libertad, apoyamos la responsabilidad

En Europa no sólo está en juego la definición de algunas reglas de mercado con las que superar la crisis económica, sino la posibilidad de que se desarrolle con libertad una experiencia humana basada en la creatividad personal y comunitaria. Europa podrá consolidarse si reconoce el carácter singular e irrepetible de la persona y de su libertad, como fuente de caridad, confianza y trabajo.

El 70% de las leyes españolas son el resultado de normas que provienen de la Unión Europea. Corremos el riesgo de que la vida social se reglamente de forma que se vea limitada la expresividad de las personas y de los agentes sociales.

La Unión Europea, basada en el principio de subsidiariedad, ha de asegurar las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan expresar su deseo de verdad, de bien, de justicia y de belleza; y ha de reconocer las tradiciones históricas, religiosas y culturales que le son propias. En la medida en que los ciudadanos contribuyan a hacer de la sociedad un lugar más humano, antes se convertirá Europa en un espacio de libertad, de diálogo fecundo con el resto de los pueblos. Así se favorecen la paz y el desarrollo en el mundo.

Esa tendencia a limitar la libertad afecta también a una de las realidades que, con su presencia, es factor de esperanza para muchos: la Iglesia. Por eso, defender en Europa la libertas Ecclesiae es defender la libertad y el futuro para todos.

  • La educación es prioritaria y, por tanto, se debe exigir un mayor compromiso en la formación de los jóvenes y la promoción de la iniciativa social en el campo educativo. La Unión Europea debe promover la libertad de educación.
  • La tutela de la vida, desde el comienzo hasta el fin natural, y la de la familia son principios innegociables.
  • Bastan pocas leyes, pero eficaces, para garantizar un mercado que no sea presa de la especulación financiera. Así como una colaboración internacional que no caiga en la trampa del proteccionismo y un sistema bancario que ayude a las familias y a las empresas. Las instituciones políticas europeas están llamadas a favorecer estos objetivos para relanzar la economía según el principio de subsidiariedad.

Frente a los dramáticos desafíos actuales, entre ellos el paro, millones de personas muestran cada día, mediante su esfuerzo y su trabajo, que hay una esperanza que les permite hacer frente a estas graves dificultades sin renunciar a su deseo de felicidad. El relativismo (para el que todo es igual) y el nihilismo (para el que nada tiene valor) vacían la responsabilidad del hombre frente a su destino, empobreciendo así nuestra sociedad.

Por esto, apoyamos a quienes en Europa ponen la política al servicio de las personas. En particular a los que en estos años han trabajado en el Parlamento Europeo no sólo en la defensa teórica de los valores, sino, sobre todo, en la atención concreta a las personas y a sus obras.

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