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11 DICIEMBRE 2016
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>Europa

Sin raíces culturales sólo tendremos un monstruo jurídico

Mario Mauro, vicepresidente del Parlamento Europeo

Hay parcelas no indiferentes que están en manos de la  discrecionalidad decisiva de la Unión Europea. Las repercusiones son importantes en muchos ámbitos relevantes y, además, estratégicos: la ética, la economía, el mercado, la diplomacia, la política monetaria y muchos más. La crisis del proyecto europeo es el resultado de un mal enfoque del proceso de integración, de una posición política que no quiere partir de la realidad, de una  pregunta: "¿Qué es Europa?". Emblemática cuestión sobre el fundamento mismo de la integración europea. Benedicto XVI ha recordado que los grandes peligros para la vida   contemporánea provienen de fundamentalismo -la pretensión de tomar a Dios como excusa para un proyecto de poder- y el relativismo, afirmar que todas las opiniones son verdaderas del mismo modo. 

La involución del proyecto político que llamamos Unión Europea se debe a estos factores. El problema deriva de que la relación entre la razón y la política se ha desviado de la noción de verdad. El compromiso, con razón presentado como inherente a la  vida política, se ha convertido en un fin en sí mismo. Ésta es la razón por la que es conveniente  centrarse en las principales políticas de la Unión Europea,  utilizando como guía la visión de los padres fundadores y la promoción de la dignidad humana inherente a la experiencia cristiana.

La situación de punto muerto en la que está Europa debe conducir a una profunda reflexión. Más allá de la capacidad para llegar a un buen acuerdo sobre el presupuesto, el Viejo Continente está perdiendo su horizonte y su dimensión. Después de la "era Kohl" Europa ha estado dominada por políticos sin la valentía necesaria para generar el "mañana" y sin la fuerza para mantener la fe en el edificio creado en poco más de 50 años por los padres fundadores. Ha aparecido en escena una generación de políticos con una idea de Europa -rechazada en los referéndums francés y holandés- para los que la  integración se ha convertido en un valor en sí mismo.

Pero, ¿cuál es la política de Europa? ¿Cuál es el peso real de Europa en el mundo global? El problema, más allá de las cuestiones institucionales, es la definición de las políticas comunitarias. Sobre la base de mi experiencia, creo que los cinco nodos en los se que juega el futuro de Europa son la crisis demográfica, la inmigración, la ampliación, la estrategia de Lisboa y la política exterior. Todos están estrechamente vinculados por un denominador común: la identidad de Europa.

Sin tener una clara identidad, Europa no puede dar un paso adelante en estos cinco desafíos. Corremos el riesgo de que la respuesta a la crisis demográfica sea puramente ideológica y que privilegie obras de ingeniería social. La UE no puede ignorar el factor cultural al incidir sobre las tasas de fertilidad, tampoco olvidar las convicciones personales que sostienen la apertura a la vida. ¿Cómo podemos gestionar e integrar los flujos migratorios sin saber proponer un modelo cultural de nuestra civilización? ¿Cómo decidir los criterios para futuras ampliaciones de la UE sin saber si Europa se define como una zona geográfica o cultural? ¿Cómo pretender hablar con una sola voz en el mundo si la idea dominante es que la UE es sólo la suma de intereses puramente económicos? ¿Cómo aplicar las reformas necesarias para el desarrollo económico si la gente no recupera la confianza en sí mismos? Es necesaria una disposición generosa para superar el egoísmo y generar nuevos hijos. Tenemos que evitar el habitual conformismo con lo políticamente correcto, que se limita a proporcionar información para tomar las decisiones correctas.

En realidad, el criterio de elección se basa en la concepción de la vida, que está relacionada con la  secularización de Europa. De hecho, la crisis política está estrechamente vinculada con la pérdida de las raíces cristianas de nuestro continente. Robert Schuman solía decir que "Europa no se podrá hacer de una sola vez". La UE no es un bloque monolítico, sino el resultado de las acciones de los hombres y, como tal, para vivir necesita ser renovada. Europa puede recomenzar con los valores con los que fue creada, con los buenos resultados obtenidos hasta el momento y con una buena dosis de realismo.

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